
🇦🇲🚨 ¿Elecciones o insurrección? La oposición armenia evoca la revuelta de 1921 para tomar el poder ante la falta de votos en las encuestas. Si la oposición toma el poder por la fuerza y rompe el diálogo con Azerbaiyán, ¿Quién defenderá las fronteras de Armenia? Un dilema histórico. 🌍📉
La campaña política en Armenia ha ingresado en un terreno de máxima tensión tras las declaraciones de Samvel Karapetyan, quien ha sido perfilado por sectores de la oposición como el próximo candidato a primer ministro. Su afirmación de que «nosotros vamos a tomar el poder, no me veo en el estatus de líder de la oposición» y su anuncio de que sus seguidores «saldrán a la calle por miles» reconfiguran por completo el escenario preelectoral, desplazando el debate desde las urnas hacia la confrontación civil.
La retórica de Karapetyan expone una contradicción fundamental en la dinámica democrática: el poder legítimo no se “toma” mediante demostraciones de fuerza callejera si se pretende seguir una vía estrictamente electoral. Los datos de las encuestas de opinión de los últimos días —por más cuestionados o dudosos que parezcan— indican de manera inequívoca que el partido «Armenia Fuerte», la alianza «Armenia» y el Partido Armenia Próspera (BHK) no reúnen el caudal de apoyo necesario para replicar un escenario de protesta masiva o un «Gyumri 2» basado puramente en los resultados de los comicios parlamentarios.
El análisis demoscópico y político actual permite proyectar el siguiente panorama para las fuerzas que buscan desbancar al gobierno actual.
Está casi descartado que estas tres facciones de la oposición, ingresando al parlamento por separado, logren articular una mayoría de coalición. Sin esa mayoría absoluta de escaños, sus posibilidades de elegir a un primer ministro y constituir un nuevo gabinete ejecutivo por la vía legal son prácticamente nulas.
Por decantación, la única vía real que le queda a este bloque para cumplir la promesa de «tomar el poder» es forzar un quiebre institucional mediante la movilización masiva y la presión en las calles.
Esta hoja de ruta quedó evidenciada cuando Gegham Manukyan, diputado de la Asamblea Nacional de la Federación Revolucionaria Armenia (ARF – Dashnaktsutyun) y representante de la alianza «Armenia», inauguró un mitin preelectoral en la localidad de Garni evocando abiertamente la «insurrección de febrero» de 1921, asegurando que el país debe ser “liberado” hoy de la misma manera que lo fue en aquel entonces.

La utilización de la insurrección de 1921 como un modelo a seguir exige revisar con rigor la historia. Este acontecimiento ha sufrido distintas interpretaciones políticas según la época:
El periodo de coalición: Fue “canonizado” como una gesta heroica cuando la Federación Revolucionaria Armenia (Dashnaktsutyun) formó parte del gobierno de coalición en la Armenia independiente.
La era soviética: El Kremlin lo etiquetó despectivamente como la «aventura dashnak».
Los inicios de la independencia: Durante la década de 1990, el tema fue prácticamente sepultado en el debate público para evitar divisiones.
Históricamente, la historia real dista mucho de esa visión romántica. En 1921, el Levantamiento de Febrero en Ereván derrocó temporalmente al gobierno soviético local, instaurando el Comité de Salvación Armenio. Sin embargo, los bolcheviques se replegaron en Artashat con un tren blindado, reorganizaron sus líneas, recibieron refuerzos y sovietizaron Armenia por segunda vez bajo condiciones mucho más severas.
Mientras el Comité de Salvación en Ereván solicitaba desesperadamente asistencia militar a Mustafa Kemal Atatürk, los kemalistas y los bolcheviques negociaban en Moscú el reparto definitivo de los territorios armenios.
Mediante este acuerdo, Najicheván fue separada definitivamente de Armenia, y la región estratégica de Syunik quedó dividida, hipotecando la soberanía territorial armenia mientras el país se desangraba en una guerra civil.
El paralelismo con el presente es alarmante. Hoy en día, Armenia y Azerbaiyán tienen redactado un borrador previo del tratado «Sobre la paz y el establecimiento de relaciones». La oposición actual rechaza este documento argumentando que no es «fuerte ni digno» y exigiendo que el acuerdo cuente con un “garante” internacional (haciendo alusión implícita a las fuerzas tradicionales de la región).
Si la oposición cumple su objetivo de tomar el poder por la fuerza, el tratado de paz bilateral quedará suspendido de inmediato. Esto devolvería automáticamente a la región al régimen de confrontación militar directa. En ese escenario de aislamiento, el supuesto “garante” externo intentará regular el problema directamente con el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev.
La experiencia histórica demuestra que las potencias externas no priorizan los intereses de Ereván cuando este pierde su estabilidad. La agenda que Bakú buscará imponer en ausencia de un tratado firmado no se limitará a la disputa menor por los enclaves territoriales. Si la oposición dinamita las instituciones y la vía diplomática en nombre de una nueva “salvación”, la pregunta fundamental que queda en el aire es: ¿quién terminará siendo el socio más funcional para los planes expansionistas de Ilham Aliyev dentro de Armenia?






