
🕊️ “Azerbaiyanos y armenios no deben verse como enemigos”, afirmó el ex canciller Tofig Zulfugarov. 📣 Llama a cambiar la percepción pública para lograr una paz duradera en el Cáucaso. 🤝 La reconciliación social como clave del proceso.
El exministro de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán, Tofig Zulfugarov, sostuvo que el establecimiento de una paz duradera entre Azerbaiyán y Armenia requiere mucho más que acuerdos políticos. En declaraciones al medio local Modern.az, Zulfugarov instó a ambas sociedades a ir más allá de los marcos diplomáticos y enfrentar uno de los obstáculos más persistentes del conflicto: la percepción mutua de enemistad.
“No basta con firmar documentos, hay que cambiar las mentes”, afirmó. “Si Azerbaiyán y Armenia realmente quieren poner fin al conflicto, no pueden limitarse únicamente a acuerdos políticos. Se necesitan medidas para transformar la percepción que tiene cada sociedad de la otra”, sostuvo.
Zulfugarov, quien fue jefe de la diplomacia azerbaiyana a fines de los años noventa, destacó que el trabajo debe comenzar desde la opinión pública, involucrando a expertos, académicos, periodistas y figuras culturales. Para él, el proceso de reconciliación debe incluir esfuerzos activos para eliminar la imagen del enemigo, arraigada tras décadas de hostilidades, propaganda y guerra.
“Quizás esto no dé resultados inmediatos, pero en el futuro, las sociedades azerbaiyana y armenia no deben percibirse como enemigas”, explicó.
El exfuncionario subrayó que esta transformación social no depende solo de los gobiernos, sino de un compromiso colectivo: “Este enfoque puede convertirse en la base para una coexistencia sostenible y de mutuo entendimiento”.

La entrevista de Zulfugarov se produce en un contexto donde las negociaciones formales entre Ereván y Bakú avanzan lentamente, mientras se mantienen las tensiones en torno a la delimitación de fronteras, el futuro de los armenios desplazados de Artsaj (Nagorno Karabaj), y los derechos de los prisioneros de guerra.
Aunque los encuentros diplomáticos han continuado bajo mediación internacional, los discursos públicos en ambos países siguen profundamente marcados por el nacionalismo, la desconfianza y el dolor de un conflicto que ha dejado miles de muertos y desplazados desde 1988.
En este escenario, las palabras de Zulfugarov resuenan como un llamado infrecuente a la despolarización. Si bien no representa una posición oficial del gobierno de Ilham Aliyev, su mensaje invita a una reflexión crítica sobre el papel de los medios de comunicación, el sistema educativo y las élites políticas en la reproducción o superación de estereotipos.
Los analistas coinciden en que cambiar la percepción pública requiere no solo iniciativas conjuntas de paz y memoria, sino también acciones de justicia y reparación. Para muchos armenios, cualquier intento de reconciliación sin abordar las consecuencias del desplazamiento forzado de 2023 en Artsaj, sin permitir el retorno seguro de los desplazados, y sin investigaciones sobre posibles crímenes de guerra, suena vacío.
Del lado azerbaiyano, se exige el reconocimiento de la integridad territorial de Azerbaiyán, el fin de lo que denominan narrativas “separatistas” y la apertura de rutas de tránsito regional, como el controvertido corredor de Zangezur.
Pese a estas posiciones encontradas, voces como la de Zulfugarov podrían abrir el camino hacia una diplomacia ciudadana, aún ausente en el actual proceso de paz. Como él mismo señala, “los acuerdos entre gobiernos pueden congelar un conflicto, pero solo las sociedades pueden desactivarlo”.






