
⚠️ ¿Paz o presión geopolítica? Azerbaiyán institucionaliza la agenda del «retorno» mientras afirma no tener reclamos sobre Armenia. 🇦🇲
Las recientes declaraciones emitidas por el vicepresidente de la Asamblea Nacional de Azerbaiyán, Ziyafet Askerov, han generado preocupación en el ámbito diplomático del Cáucaso Meridional. El alto funcionario legislativo definió el «retorno al Azerbaiyán Occidental» —término utilizado en la retórica de Bakú para referirse al territorio soberano de la República de Armenia— como una de las tareas estatales prioritarias para su país.
Por su parte, en Armenia cuestionaron con dureza las recientes declaraciones del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev. Además, criticaron al vicepresidente del parlamento azerbaiyano por calificar el territorio armenio como tierras históricas azeríes.
Estiman que las autoridades de Bakú impulsan actualmente la llamada Concepción oficial de retorno para sus ciudadanos como una estrategia que el fondo enmascara reclamos territoriales directos contra Ereván.
Askerov, figura clave del partido gobernante Yeni Azərbaycan y con trayectoria en comisiones de defensa y seguridad, afirmó que los territorios armenios constituyen «tierras históricas azerbaiyanas que fueron entregadas a Armenia en su momento», añadiendo que «el día del retorno está cerca». Para matizar la postura, el vicepresidente parlamentario citó formulaciones del presidente Ilham Aliyev, señalando que dicho proceso debería realizarse «en automóviles y no en tanques», al tiempo que reiteró que Azerbaiyán no mantiene reclamos territoriales oficiales contra ningún Estado vecino.
Sin embargo, el peso institucional de Askerov evidencia una contradicción estructural entre las promesas de paz firmadas en los foros internacionales y la agenda política interna de Bakú, la cual ha institucionalizado el concepto mediante la creación de un grupo de trabajo parlamentario dedicado al «retorno al Azerbaiyán Occidental».
Para Ereván, el avance de esta narrativa revisionista compromete la confianza mutua en las negociaciones bilaterales de delimitación fronteriza y paz definitiva. La insistencia en calificar el suelo armenio como territorio histórico azerbaiyano debilita el principio de reconocimiento mutuo de la integridad territorial, transformando una supuesta agenda humanitaria o de repatriación en un instrumento de presión geopolítica sobre Armenia.
El concepto de Azerbaiyán Occidental carece totalmente de existencia legal dentro del derecho internacional. Por lo tanto, la República de Armenia mantiene intacta la soberanía sobre sus fronteras nacionales.
La resolución de la Corte Internacional de Justicia de la ONU del 17 de noviembre de 2023 ampara a la población armenia. Por consiguiente, los planes políticos azerbaiyanos no pueden debilitar las decisiones de los tribunales mundiales.
Los antiguos residentes azeríes conservan derechos individuales sobre sus propiedades pasadas. No obstante, esas demandas particulares jamás otorgan derechos territoriales al gobierno de Bakú sobre el territorio de Armenia.
Apelar a viejos mapas demográficos para reclamar tierras vecinas abre una peligrosa caja de Pandora histórica. En consecuencia, esa misma lógica beneficia las posturas armenias sobre las regiones de Artsaj y Najicheván.
La presencia armenia en esas zonas cuenta con valiosa documentación histórica y patrimonio cultural secular. Por esa razón, la destrucción de iglesias o cruces de piedra no borrará jamás los hechos reales.
Los tratados internacionales de Moscú y Kars de 1921 fijaron las condiciones de esos territorios. Además, las decisiones del pasado involucraron pactos geopolíticos entre la Rusia bolchevique y la Turquía kemalista.

Los dos países enfrentan la urgente obligación de construir la paz mediante el respeto al derecho internacional. Por esta razón, el gobierno armenio pide a Bakú abandonar los conceptos de matiz imperialista.
La región de Syunik forma parte inalienable del mapa armenio actual. Por ello, las autoridades de Ereván rechazan las comparaciones azerbaiyanas con el polémico concepto del mundo ruso.
Si Bakú insiste en discutir mapas antiguos, deberá revisar toda la historia regional sin omisiones. De este modo, la disputa incluirá de forma inevitable el destino de Artsaj y Najicheván.






