
⚠️ Giro estratégico. Ankara evalúa desprenderse de los S-400 para recuperar el acceso al F-35 y levantar sanciones de Washington. ✈️ Turquía mueve ficha
Turquía explora vías para desprenderse del sistema antiaéreo ruso S-400 y así eliminar el mayor obstáculo que la mantiene fuera del programa F-35, según reveló Bloomberg. El movimiento busca recomponer los lazos con Estados Unidos y la OTAN, deteriorados desde 2019.
El tema ya llegó al más alto nivel político. El presidente Recep Tayyip Erdoğan planteó la cuestión al mandatario ruso Vladímir Putin durante una reunión reciente en Turkmenistán, de acuerdo con fuentes citadas por Bloomberg. Desde el Kremlin negaron que exista una solicitud formal.
La posible devolución de los S-400 abriría la puerta al regreso de Ankara al programa F-35, del que fue expulsada tras adquirir el sistema ruso. Washington considera incompatible operar tecnología rusa junto a aeronaves occidentales.
Erdoğan ya había abordado el asunto en septiembre durante una reunión en la Casa Blanca con el presidente estadounidense Donald Trump. Allí vinculó directamente el futuro de los misiles con el acceso al caza más avanzado del mundo.

El embajador estadounidense en Ankara, Tom Barrack, afirmó este mes que Turquía “está cerca de tomar una decisión” y estimó que el conflicto podría resolverse en cuatro a seis meses. Funcionarios turcos creen que abandonar los S-400 permitiría levantar las sanciones impuestas bajo la ley CAATSA.
“Esperamos que las sanciones se levanten muy pronto”, dijo recientemente el principal diplomático turco, según citó Bloomberg.
Turquía compró los S-400 en un período de fuerte tensión con sus aliados occidentales, tras el fallido golpe de Estado de 2016. Ankara sostiene que recurrió a Moscú después de que Estados Unidos rechazara venderle misiles Patriot.
Hoy, el contexto cambió. Turquía actúa como mediador entre Rusia y Ucrania, y confía en que ese rol facilite un acuerdo con Moscú para devolver el sistema. También busca recuperar los miles de millones de dólares pagados, incluso mediante compensaciones energéticas.
Con el segundo ejército más grande de la OTAN, Turquía insiste en que no utiliza activamente los S-400 y defiende una política exterior “equilibrada”. Sin embargo, el dilema entre Moscú y Washington vuelve a colocar a Ankara en el centro de la disputa estratégica global.






