
Turquía avanza en Siria y presiona el mapa regional. Convoyes entran por Afrin, Ras al-Ain y Alepo. Damasco, kurdos y Washington observan el giro militar de Erdogan. Manbij vuelve al centro del conflicto. Impacto directo para Armenia y para todo Oriente Medio.
Turquía lanzó una nueva operación militar en Siria y activó un movimiento que mezcla presión geopolítica, urgencias internas y una lectura más agresiva de su seguridad nacional. Tropas turcas cruzaron la frontera en tres direcciones —Afrin, Ras al-Ain y el norte de Alepo— y avanzaron hacia Manbij, punto clave en la disputa territorial. Medios turcos difundieron las primeras imágenes de convoyes militares entrando en territorio sirio y situaron el inicio de esta fase inmediatamente después de la visita del jefe del Estado Mayor turco, Selçuk Bayraktaroğlu, a Damasco.
El viaje de Bayraktaroğlu a la capital siria los días 5 y 6 de diciembre abrió un canal inesperado. Su presencia en Damasco se interpretó como un intento de redefinir la línea de seguridad entre Ankara y el gobierno de Bashar al-Asad. Fuentes turcas recordaron que el canciller Hakan Fidan había dicho a Reuters que “la estabilidad en Siria sólo se logra con un ejército unificado y un mando centralizado”, frase que cerraba la puerta a cualquier fuerza paralela, en referencia directa a las Fuerzas Democráticas Sirias.
Mientras tanto, señales provenientes del noreste sirio mostraron crecientes tensiones. Sectores kurdos anunciaron la suspensión de celebraciones históricas y la prensa turca difundió versiones sobre intentos de Maher al-Asad de formar “un ejército de cincuenta mil personas”. La sospecha de una posible fractura interna en Siria dio más impulso a Ankara para moverse rápido.

La “autonomía” kurda controla de facto el noreste sirio y desde marzo mantiene un acuerdo abierto con Damasco para integrar a las SDF en una sola fuerza militar. El proceso quedó detenido porque los kurdos aceptaron integrarse sólo si conservaban estructura y mando propios. Según analistas en Ankara, esa condición resulta inaceptable para Turquía.
La situación se tensó aún más con una visita reservada de una delegación del Parlamento turco al líder encarcelado del PKK, Abdullah Öcalan. Aunque se alimentó la expectativa, no trascendió ningún resultado. La lectura predominante es que Öcalan no llamó a las fuerzas kurdas sirias a deponer las armas.
Un contingente estadounidense todavía permanece en el noreste de Siria. Analistas militares se preguntan si la ofensiva turca fue coordinada con Washington, ya que cualquier choque accidental con fuerzas estadounidenses cambiaría la ecuación. El presidente Recep Tayyip Erdogan había advertido que no permitiría “experimentos para dividir Siria”. La presencia de grupos afines a Irán, milicias locales y el rol indirecto de Israel elevan las dudas sobre un posible enfrentamiento regional ampliado.
El avance turco también pesa sobre las frágiles relaciones entre Armenia y Turquía. Versiones diplomáticas indican que Ankara evalúa abrir la frontera terrestre en los próximos meses. Si Erdogan enfrenta complicaciones serias en Siria, la agenda bilateral podría frenarse. Un choque turco-israelí, o un conflicto prolongado con fuerzas kurdas, podría modificar de inmediato cualquier señal de apertura.
La ofensiva militar reordena prioridades y muestra a Turquía dispuesta a marcar el territorio con tropas, no sólo con diplomacia. La región vuelve a moverse bajo presión, y el desenlace dependerá de cómo respondan Damasco, Moscú, Washington y las fuerzas kurdas que, hasta ahora, no retroceden.






