
⚖️ Desmontando el mito de Bakú: El Tratado de Kars no obliga a Armenia a ceder el Corredor de Zangezur de forma extraterritorial. 🇦🇲🇺🇸
El reciente discurso del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, respecto a la apertura del denominado Corredor de Zangezur, volvió a sacudir los cimientos de la política interna y exterior de Armenia. No obstante, detrás de la retórica belicista de Bakú y de su proclamada “victoria de puño de hierro”, un análisis riguroso de los textos jurídicos históricos y de la coyuntura geopolítica actual revela una realidad diametralmente opuesta: una clara victoria estratégica, económica y soberana para Ereván.
Muchos autores dieron luz sobre esta controversia al desglosar los artículos del centenario Tratado de Kars (1921), el documento fundacional que, según la narrativa de Bakú, obligaría a Armenia a ceder una franja de su territorio meridional. Los datos demuestran que la interpretación azerbaiyana carece de todo sustento legal, evidenciando que las declaraciones de Aliyev responden más a un intento de contener el descontento social interno en su país que a una posición de fuerza real en el tablero internacional.
La narrativa oficial del gobierno de Azerbaiyán sostiene que el Tratado de Kars, firmado el 13 de octubre de 1921 entre las repúblicas soviéticas del Cáucaso y la Gran Asamblea Nacional de Turquía, estipulaba la entrega de un corredor soberano sin control armenio para conectar la región continental de Azerbaiyán con el enclave de Najichevan, atravesando la provincia armenia de Syunik (Zangezur).
Sin embargo, el examen directo del articulado desmiente categóricamente esta postura. Primero, al estudiar el Artículo XVII sobre la soberanía estatal, el apartado establece que las partes contratantes se comprometen a adoptar medidas para mantener y desarrollar el ferrocarril, el telégrafo y otros medios de comunicación para garantizar la libre circulación de personas y mercancías. No obstante, el texto aclara explícitamente: «se reconoce que, en lo que respecta a la circulación, entrada y salida de viajeros y mercancías, se aplicarán íntegramente las normas establecidas en cada país en esta materia». Por ende, cualquier ruta de tránsito queda supeditada a las leyes, aduanas y controles fronterizos de Armenia.
Luego está el tema del estatus de Najicheván. Aunque el Artículo V define a Najicheván como un territorio autónomo bajo la protección (y no como parte) de Azerbaiyán y el Anexo III delimita sus fronteras físicas, en ningún fragmento del documento se prevé el diseño de una ruta de transporte especial o ajena a la jurisdicción territorial de Armenia.
Un tema a su favor es el contraste que presenta con el régimen de Batumi. Cuando los redactores de 1921 quisieron formular un estatus de libre tránsito verdaderamente excepcional, supieron plasmarlo con precisión. El Artículo VI concede a Turquía el «libre tránsito de todas las mercancías» a través del puerto de Batumi (Georgia) de forma expresa, liberándola de aranceles, tasas y demoras. El hecho de que no exista una redacción similar para Syunik demuestra que el Tratado de Kars jamás contempló un régimen extraterritorial para Azerbaiyán.
Por consiguiente, la premisa de que Armenia está obligada a ceder un corredor sin control aduanero es jurídicamente falsa. El tratado obliga a la conectividad mutua, pero bajo el imperio de la ley de la nación soberana que alberga dicha infraestructura.

La evolución del conflicto en el Cáucaso Sur tras la disolución de la República de Artsaj (Nagorno-Karabaj) en 2023 forzó una reconfiguración de las alianzas. Rusia mostró un marcado interés desde el principio en gestionar de forma directa las vías de transporte que cruzan la provincia de Syunik, buscando posicionarse como el garante único de la conexión terrestre entre turcos y azerbaiyanos.
Muchos especulan que este interés se configuró mucho antes y lo negoció con Bakú en contraprestación por su “falta de servicio” en defender a Armenia durante los incidentes de 2022.
El punto es que la administración del primer ministro armenio Nikol Pashinyan neutralizó esta pinza geopolítica mediante un audaz viraje hacia Occidente. Ereván no sólo impidió que el corredor adquiriera un estatus extraterritorial a favor de Bakú, sino que blindó la supervisión y el soporte logístico de la ruta bajo parámetros de cooperación con Estados Unidos.
Este movimiento estratégico transformó el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) y los pactos colaterales de conectividad en una herramienta de protección soberana para Armenia.
Al quedar integrada en la esfera de interés y monitoreo de Washington, Azerbaiyán pierde cualquier margen de maniobra para ejecutar una invasión militar o una anexión forzosa del sur de Armenia sin enfrentar graves represalias internacionales. Esto refuerza el concepto de Inviolabilidad territorial.
También implica una cierta cooperación forzosa, ya que Bakú queda ve obligado a interactuar con los organismos oficiales armenios si desea viabilizar el flujo comercial hacia Najicheván y Turquía, sepultando sus planes de aislamiento regional contra Ereván. aunque lo intenta diariamente con los acuerdos de los corredores.
Otro punto sería que en el actual estado, las partes ayudan a caducar el Tratado de Kars. Mientras Armenia aprovecha la estabilidad para robustecer sus instituciones y reformar su constitución, las dos potencias matrices del Tratado de Kars de 1921 experimentan profundas mutaciones de estatus. La pérdida de vigencia fáctica de dicho tratado debido a la evolución histórica de sus firmantes originales dejará al nuevo marco de conectividad (ADPIC) bajo el control absoluto del Estado armenio.
La agresividad verbal y las jactancias de Ilham Aliyev respecto a haber abierto el corredor “con puño de hierro” operan como un mecanismo de distracción frente a una profunda crisis de legitimidad interna. En las plataformas digitales y redes sociales de Azerbaiyán, circulan diariamente miles de comentarios de ciudadanos azerbaiyanos que denuncian la alarmante falta de derechos civiles, libertades políticas y oportunidades económicas en su país, contrastándola con el panorama de la sociedad civil armenia.
A pesar de las pérdidas territoriales sufridas en el pasado reciente, la Armenia “perdedora” exhibe logros que el régimen autocrático de Bakú es incapaz de emular.
Los notables éxitos de Armenia en el desarrollo de centros tecnológicos, laboratorios de investigación y fábricas de Inteligencia Artificial (IA) despertó la frustración de la población azerbaiyana, que se pregunta por qué su economía, sustentada en el petróleo, es incapaz de diversificarse hacia la alta tecnología.
Otro punto es que Aliyev carece de argumentos para explicar por qué las principales potencias globales, con Estados Unidos a la cabeza, prefieren invertir en alianzas tecnológicas, académicas y estratégicas con una Armenia sin recursos hidrocarburíferos, en lugar de volcar esos capitales en un Azerbaiyán rico en crudo pero carente de seguridad jurídica y libertades.
Así, hoy los ciudadanos de Azerbaiyán cuestionan abiertamente por qué los armenios gozan del derecho inalienable de elegir y destituir a sus líderes mediante procesos electorales competitivos, mientras que en Bakú se perpetúa una dinastía familiar exenta de escrutinio democrático.
Ante la falta de respuestas a estas demandas de modernización y justicia social, el discurso del corredor de Zangezur se erige como la última narrativa nacionalista disponible para el régimen de Bakú. Aliyev se ve obligado a prolongar la ficción de una expansión territorial inminente para justificar la opresión interna; sin embargo, el rigor de los tratados internacionales demuestran que el tiempo de la retórica vacía está llegando a su fin.






