Los prisioneros de guerra representan la piedra angular para consolidar la paz entre Armenia y Azerbaiyán. Por Hovhan Mandakuni

El analista Hovhan Mandakuni afirmó que los prisioneros son la piedra angular de la estabilidad. 😱 Bakú rechazó denuncias de tortura realizadas por la defensora Sabina Aliyeva

Bakú ha respondido a las acusaciones en Armenia de tortura, discriminación religiosa, destrucción de símbolos cristianos y prohibición del acceso a la Biblia contra armenios detenidos en prisiones azerbaiyanas. La defensora de los derechos humanos azerbaiyana Sabina Aliyeva calificó las acusaciones de «infundadas y parciales», e insistió en que se celebraron reuniones secretas con los detenidos armenios, se evaluó su estado de salud y psicológico, y se les explicaron sus derechos en su lengua materna.

Este cambio de rumbo era previsible. Lo más importante es el contexto en el que Bakú lo enmarcó.

La parte azerbaiyana ya está vinculando las acusaciones de violaciones de derechos humanos con intentos de socavar el proceso de paz.

Esto representa una peligrosa desviación. El establecimiento de la paz entre Armenia y Azerbaiyán no puede significar que los derechos humanos pasen a un segundo plano o se conviertan en un tema políticamente indeseable. Al contrario, para que la paz sea sostenible, debe resistir el debate abierto incluso sobre los temas más difíciles.

Las cuestiones relativas a los presos, los detenidos, los juicios, la atención médica y la libertad religiosa no son obstáculos para el proceso de paz, sino criterios para su calidad.

Para Bakú, la elección es sencilla: puede presentar cada crítica como «propaganda que atenta contra la paz», pero ese es un mecanismo de defensa a corto plazo. La paz a largo plazo no se construye cerrando los temas delicados, sino sometiéndolos a un escrutinio creíble.

Si el Defensor de los Derechos Humanos de Azerbaiyán confía en que se están protegiendo los derechos de los detenidos armenios, esta afirmación debería reforzarse con la supervisión internacional más amplia posible, el acceso a abogados, la entrega de documentos médicos, la transparencia de los juicios y mecanismos claros de comunicación con las familias.

El problema reside precisamente aquí.

La credibilidad de un Estado en materia de derechos humanos no solo está determinada por las declaraciones de sus propias instituciones, sino también por el grado en que esté dispuesto a permitir la verificación independiente.

Por lo tanto, la refutación oficial de Bakú no da por zanjado el asunto. Simplemente formula dos hipótesis contrapuestas.

Una parte habla de malos tratos, restricciones religiosas y acceso a documentos. La otra insiste en que se respetan los derechos y que las acusaciones están politizadas.

La peor solución en esta situación es exigir lealtad política en lugar de basarse en los hechos.

prisioneros armenia Azerbaiyán
Hovhan Mandakuni afirma que la situación de los prisioneros armenios en Bakú es crucial para lograr la paz en el Cáucaso Sur.

La paz no da derecho ni a Ereván ni a Bakú a silenciar los temas incómodos. Exige un nivel más alto de ambos.

Para Armenia, el lenguaje político adecuado también es fundamental. La cuestión de los prisioneros de guerra y los detenidos no debe convertirse en una mera herramienta de propaganda antiazerbaiyana. Se trata, ante todo, de una cuestión de responsabilidad jurídica, humanitaria y estatal, que debe promoverse de forma consecuente mediante el derecho internacional, datos documentados y demandas específicas.

Cuanto más objetiva y legal sea la declaración de Ereván, más difícil le resultará a Bakú presentarla como una campaña política contra la paz.

Y Azerbaiyán también debe comprender la verdad opuesta.

Si se pretende construir una nueva región basada en la paz, los legados más dolorosos del conflicto anterior no desaparecen con meras declaraciones. Se están resolviendo.

La cuestión de los prisioneros de guerra es precisamente uno de esos problemas. La verdadera solidez de la paz entre Armenia y Azerbaiyán se medirá algún día no solo por la ausencia de enfrentamientos armados en la frontera o por el volumen de comercio.

También se medirá por la forma en que ambos estados traten a los ciudadanos del otro bando cuando estén bajo su autoridad.

Ya no se trata solo de una cuestión diplomática. Se trata de una cuestión de calidad del Estado. Y aquí reside la prueba más difícil para la paz.

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