
🥮 ¡Arde la cocina internacional! Turquía y Azerbaiyán piden a la UNESCO que declare al baklava Patrimonio de la Humanidad. Una jugada que reaviva la histórica disputa con Grecia y Armenia por el verdadero origen de este milenario dulce. 🇹🇷🇦🇿🇬🇷 #GuerrasCulinarias 🍯 ¿De quién es el baklava? Mientras Turquía presume sus recetas del Imperio Otomano y su sello de la UE, Grecia recuerda sus raíces bizantinas y Armenia su tradición nupcial. El veredicto final se dictará en China. 🇨🇳🗺️
El universo de la gastronomía vuelve a convertirse en un tablero de ajedrez geopolítico. Turquía y Azerbaiyán han formalizado una solicitud conjunta ante la UNESCO para que el baklava sea inscrito de forma oficial en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La esperada resolución de este expediente internacional se dictará durante la 21.ª reunión del Comité Intergubernamental de la organización, programada del 30 de noviembre al 5 de diciembre de 2026 en la ciudad costera de Xiamen, China.
Mientras Ankara defiende su autoría basándose en los recetarios palaciegos del siglo XV del sultán Mehmed el Conquistador y la tradicional “procesión del baklava” hacia los cuarteles jenízaros, un análisis histórico riguroso demuestra que las capas de este postre son mucho más antiguas que el propio Imperio Otomano.
Para Turquía, el baklava es una herencia indiscutible de su pasado imperial. Las autoridades de Ankara sostienen que el postre alcanzó su sofisticada complejidad moderna —caracterizada por sus infinitas capas de masa filo, frutos secos y almíbar— en las cocinas de la corte del Imperio Otomano. Los registros históricos palaciegos que datan del reinado de Mehmed II el Conquistador ya incluyen recetas detalladas del dulce.
Además, durante las celebraciones del Ramadán, el palacio imperial protagonizaba la célebre “procesión del baklava”, un desfile tradicional donde bandejas de este pastel se trasladaban directamente desde los hornos reales hasta los cuarteles del cuerpo militar de los jenízaros. Esta profunda raigambre ya anotó un triunfo internacional en 2013, cuando el “Baklava de Antep” (originario de la ciudad de Gaziantep) obtuvo la Indicación Geográfica Protegida por parte de la Unión Europea, convirtiéndose en el primer producto de origen turco en lograr este reconocimiento en los mercados comunitarios.
El argumento turco de que el baklava es una creación exclusiva de su corte medieval suele omitir un hecho fundamental: gran parte de la gastronomía otomana se construyó sobre los cimientos culinarios del Imperio Bizantino. Esta cocina, a su vez, era una rica fusión de tradiciones griegas y armenias que previamente habían absorbido e integrado las costumbres del Imperio Romano.
Si tiramos del hilo de la historia, el árbol genealógico del baklava nos lleva de vuelta a la Antigüedad clásica. El antecedente más antiguo es la receta documentada más antigua que guarda una similitud estructural directa con el baklava no es otomana, sino del siglo II a. C. * La placenta romana: Se trata de un célebre pastel de la antigua Roma elaborado a base de múltiples láminas de masa finísima intercaladas con queso y hojas de laurel, que se horneaba y se cubría generosamente con miel.
Dado que la cocina romana tomó prestados innumerables elementos de la Grecia clásica, la evolución del postre describe un círculo histórico completo que ya existía mucho antes de la llegada de las tribus túrquicas a Anatolia. Los dulces a base de masa filo, frutos secos y miel eran parte de la cotidianidad en las islas del mar Egeo y en los banquetes de Constantinopla.

La controversia actual también genera dudas sobre los alineamientos geopolíticos en el Cáucaso. Para muchos analistas, la inclusión de Azerbaiyán en esta reclamación conjunta responde más a una inercia de alianza política y estratégica con Turquía (bajo el lema de “una nación, dos estados”) que a un fundamento histórico diferencial en la creación del postre.
Al mismo tiempo, la riqueza del baklava radica en que casi cada cultura de la región posee su propia variante con denominación de origen:
Armenia: Lo prepara con un toque distintivo de canela y clavo de olor, siendo un plato sagrado y simbólico en las bodas tradicionales.
Grecia: Lo defiende internacionalmente en sus menús como “pastel griego”, reivindicando su herencia helénica y bizantina.
Irán y el Levante: En Siria, Líbano y el territorio persa, las proporciones de almíbar, agua de azahar y pistachos varían, y la propia lingüística juega un papel: la terminación “-va” de la palabra es de raíz persa.
Más allá de los comunicados oficiales de los Ministerios de Cultura actuales, los historiadores y arqueólogos culinarios discrepan sobre el punto exacto de la primera hornada. Una de las teorías más aceptadas sitúa el embrión del postre en el Imperio Asirio en el siglo VIII a. C., donde se horneaban capas de masa de pan rústico rellenas de nueces trituradas y miel silvestre.
El factor lingüístico añade otra capa de complejidad al debate. La terminación “-va” presente en el vocablo internacional “baklava” posee un origen etimológico persa, lo que refuerza la tesis de que el postre es el resultado de siglos de asimilación cultural, comercio de especias y transformaciones geográficas entre las civilizaciones de Asia Central, el Cáucaso y el Mediterráneo.
Lo que la candidatura de la UNESCO pretende dirimir este año es si el baklava se reconocerá como un puente cultural que unió a los imperios del Mediterráneo y Oriente Medio, o si se consolidará como el trofeo político de un solo bloque comercial.






