
Desde Kastamonu hasta Estados Unidos, la memoria se convirtió en lucha. Arlene Avakian presenta “El legado de la mujer león” y se reúne con las Madres del Sábado. Historia que sigue latiendo.
La escritora Arlene Voski Avakian, nieta de sobrevivientes del genocidio armenio, llegó a Estambul para presentar su libro El legado de la mujer león. La autora mezcla el relato de su abuela, que escapó de la violencia en Kastamonu, con su propio camino como activista feminista en Estados Unidos. “Aquí está mi historia, bebé”, le dijo su abuela. Esa frase marcó una vida.
Arlene tenía 14 años cuando escuchó por primera vez el relato de Elmas, su abuela. Su marido fue reclutado y nunca regresó. Ella huyó con sus hijos, vivió pobreza y migró hasta América. Arlene quiso olvidar. Se alejó y regresó varias veces. “El libro muestra cómo esa historia me moldeó”, afirma. La autora no busca homenaje sino reflexión sobre identidad, trauma y resistencia.
El encuentro con lectores en la ciudad fue intenso. Arlene compartió lectura, conversación y memoria junto a personas jóvenes, mujeres, queer y disidentes. También volvió a reunirse con las Madres del Sábado, colectivo que exige saber el destino de sus familiares desaparecidos. “Cuando sostuve la foto de mi abuelo en esa plaza, sentí una vida que pudo haber sido”, dijo. Recordó que las ceremonias en Estambul la hicieron llorar por primera vez por su propia historia.

La autora enfrentó rechazos en sectores de la comunidad armenia en Estados Unidos. Critica el nacionalismo, el conservadurismo y el patriarcado. También cuestiona al feminismo blanco por ignorar cómo operan la raza y la clase. “Si no entiendes tu participación en la supremacía blanca, no lo sabes todo”. Explica que su conciencia política nació en diálogo con el movimiento negro, donde pudo reconocer dolores que antes no lograba nombrar.
Arlene reconoce que su abuela, a quien llama “leona”, también reproducía jerarquías y privilegios masculinos. Cree que ella no habría aprobado el libro. “Me enseñó fuerza, pero su vida estaba subordinada a los hombres”. La obra también abordó su identidad lesbiana, un tema silenciado en su familia. “No hablábamos de genocidio, ni de racismo, ni de amor. El silencio era una forma de sobrevivir”.






