
🔌 Ruta de 2000 millones de euros: Bakú y Tiflis piden a Bruselas no intervenir en sus asuntos internos y buscan el respaldo de Donald Trump.
Los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea debatieron en Bruselas el enfoque estratégico hacia la región del Mar Negro, un plan de conectividad que busca enlazar Asia Central con Europa mediante una inversión de más de 2000 millones de euros. Sin embargo, la implementación de esta ruta enfrenta severos choques diplomáticos. La Alta Representante de la UE, Kaja Kallas, admitió abiertamente que Bruselas congeló la relación con el gobierno de Tiflis: “No mantenemos contactos reales con el gobierno georgiano; no queremos apoyarlo a él, sino al pueblo georgiano”.
La respuesta del primer ministro georgiano, Irakli Kobakhidze, fue de una dureza inédita. Calificó de “absurda” la decisión de la UE de excluir a Georgia de las reuniones sobre conectividad en el Mar Negro, recordando que su país es el nexo geográfico indispensable de la región. Kobakhidze arremetió de forma directa contra la jefa de la diplomacia europea:
“Solemos decir que Rusia no reconoce la soberanía de Georgia sobre el veinte por ciento de su territorio. Kaja Kallas no reconoce su soberanía sobre el cien por ciento del territorio georgiano porque no reconoce la expresión de la voluntad del pueblo georgiano”, sentenció el mandatario.

La confrontación de Georgia con las instituciones europeas coincidió con duras declaraciones del presidente de Azerbaiyán, Ilham Alíyev. El líder azerí minimizó la influencia del Consejo de Europa en su país, asegurando que “nadie se enterará” si Azerbaiyán decide retirarse formalmente de dicho organismo.
Tanto Bakú como Tiflis buscan separar las inversiones en infraestructura y los acuerdos prácticos de transporte de las exigencias occidentales sobre derechos humanos y libertades civiles. Ante lo que consideran una injerencia de Bruselas, ambos gobiernos miran hacia Washington. Con la firma de una reciente declaración de cooperación tripartita en Estambul junto a Turquía, Azerbaiyán y Georgia intentan forjar una alianza que les permita negociar directamente con la administración de Donald Trump bajo la mediación de Ankara.
Este acercamiento estratégico del eje Bakú-Tiflis-Ankara y su distanciamiento de la Unión Europea plantea un escenario de aislamiento y un profundo desafío de seguridad para Armenia, que observa cómo las principales rutas logísticas de la región se consolidan bajo el control de vecinos con los que mantiene complejas disputas geopolíticas.
¿Podrá Armenia dar vuelta esta situación?






