
Azerbaiyán busca posicionar el "Corredor de Zangezur" en las reuniones de China y Asia Central para convertirlo en la ruta principal del comercio global. 🤯 Pero Armenia propone TRIPP
En geopolítica, el control de las carreteras y de los flujos comerciales es tan determinante como la capacidad de imponer la terminología con la que se definen. Ante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Bishkek, los medios estatales de Azerbaiyán avanzan en una ofensiva discursiva para inscribir el concepto de “Corredor de Zangezur” en el vocabulario económico euroasiático, vinculándolo directamente al Corredor Central (Middle Corridor) y a la red Norte-Sur e ignorando el de TRIPP.
Apoyado en un incremento del 90% en el tránsito de carga desde 2022 y con planes para ampliar la capacidad del puerto de Alat de 15 a 25 millones de toneladas anuales, Bakú busca consolidar su posición como la puerta de entrada indispensable entre el Caspio y el Mar Negro.
Frente a este modelo, la propuesta articulada bajo la “Ruta Trump” (TRIPP) plantea una arquitectura jurídica y logística radicalmente distinta para el tramo que cruza el sur de Armenia.
Detrás de la pugna por la denominación de la vía de comunicación se enfrentan dos visiones sobre la soberanía y la gobernanza territorial:
La lógica del “Corredor de Zangezur”: Define a Armenia como un mero territorio de tránsito pasivo, buscando imponer un régimen de paso con mínima interferencia local que subordina el trazado a las necesidades de conectividad entre el territorio principal de Azerbaiyán y Najicheván.
La lógica de la “Ruta Trump”: Concibe a Armenia como un Estado soberano e interlocutor directo. Garantiza que la infraestructura en la región de Meghri funcione bajo la jurisdicción, aduanas, guardias fronterizos y marco legal armenios, integrando al país en la toma de decisiones.

Para evitar el aislamiento comercial experimentado en décadas anteriores —cuando proyectos como el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan o el ferrocarril Bakú-Tiflis-Kars se diseñaron rodeando su territorio—, la estrategia de Armenia no puede limitarse a la negación retórica. Analistas coinciden en que la respuesta debe ser proactiva: oponer un mapa propio al mapa azerbaiyano.
Para transformar la “Ruta Trump” en el nodo armenio de la cadena global Asia Central-Caspio-Turquía-Europa, Ereván debe desplegar una agenda concreta:
La relevancia de los estados pequeños en el orden internacional no depende de su extensión territorial, sino de la cantidad de potencias que necesitan pasar por sus puertas. La construcción de un Estado soberano pasa por edificar una infraestructura que resulte insustituible en el mapa regional.






