El pueblo asirio conmemora el 111.º aniversario de Sayfo, el genocidio de 1915 que exterminó al 70% de su población en Mesopotamia.

El siglo perdido de los asirios: El trauma suspendido del genocidio de Sayfo tras 111 años de impunidad

SoyArmenioMundo9 hours ago

El pueblo asirio conmemora el 111.º aniversario de Sayfo, el genocidio de 1915 que exterminó al 70% de su población en Mesopotamia.

🚨 ¡Historia oculta! El genocidio de 1915 no solo afectó a los armenios; más de 300.000 asirios fueron ejecutados en el Sayfo. 🏛️ ¡90 años de prohibición! El gobierno turco cerró las escuelas asirias y la lengua de Jesucristo entró en peligro de extinción. 📉 ¡Justicia global! Ya son 10 los países que reconocen el Sayfo oficialmente, mientras los sobrevivientes exigen regresar a sus tierras. 🇪🇺⚖️

Cientos de miles de asirios que habitaban la región histórica de Bethnahrin fueron arrastrados al borde de la extinción total debido al genocidio de Sayfo en 1915. Las heridas de esta catástrofe humanitaria, que provocó el vaciamiento de asentamientos milenarios y la dispersión de los sobrevivientes, permanecen abiertas tras 111 años. A pesar del tiempo transcurrido, las demandas de la comunidad por el retorno a Turabdin y la exigencia de justicia histórica siguen vigentes.

Aunque existe conciencia pública sobre las masacres de 1915, gran parte de la sociedad civil cree que el exterminio se dirigió de forma exclusiva contra los armenios. Sin embargo, las investigaciones demuestran que las poblaciones armenias, asirias y griegas sufrieron la misma política de aniquilación por parte del Imperio Otomano. La gravedad de los hechos se evidencia al revisar los registros demográficos de estas minorías cristianas.

La comunidad siríaca contaba con una población estimada de 700.000 personas antes del inicio de las persecuciones masivas. Los asirios denominaron a esta tragedia como Sayfo, un término que significa “espada” en lengua siríaca, debido a que las ejecuciones se perpetraron principalmente con armas blancas y dagas.

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El largo silencio de las víctimas y las cifras del exterminio en Mesopotamia

A los asirios les tomó casi un siglo verbalizar el genocidio y enfrentar colectivamente las secuelas psicológicas de la masacre. El retraso en el reconocimiento público respondió a factores políticos complejos, migraciones forzadas, traumas profundos y los denominados “reflejos de minoría”. Hoy en día, gracias a la movilización cultural, la sociedad ya no los asocia únicamente con la producción de vino, pasteles o la existencia de monasterios antiguos.

Anatolia albergaba a maestros de la filigrana, calígrafos, academias siríacas e instituciones religiosas en casi cada aldea. A través del medio especializado Avlaremoz, los investigadores plantean una interrogante incómoda sobre el destino de los artesanos y las familias masacradas. Los siríacos, hablantes del arameo y considerados de los primeros en abrazar el cristianismo, constituían uno de los pueblos sedentarios más antiguos de Mesopotamia.

Los datos estadísticos recopilados por el historiador David Gaunt en su libro “Masacres, Resistencia, Protectores: Relaciones Musulmanas-Cristianas en Anatolia Oriental durante la Primera Guerra Mundial” detallan el alcance de la violencia. La población asiria perdió el 70% de sus integrantes. Durante la operación militar, las mujeres y niñas sufrieron abusos sistemáticos, lo que empujó a decenas de familias a suicidarse en masa arrojándose al río Éufrates en la zona de Adıyaman para evitar las agresiones.

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El pueblo asirio conmemora el 111.º aniversario de Sayfo, el genocidio de 1915 que exterminó al 70% de su población en Mesopotamia.

La pérdida de la lengua materna y las trabas del Ministerio de Educación

Los sobrevivientes se dispersaron por el mundo mientras en la región montañosa de Turabdin continuaron los asesinatos sin resolver de líderes comunitarios. Las agresiones estatales no cesaron tras 1915; las autoridades confiscaron propiedades, destruyeron cementerios bajo el pretexto de buscar oro y convirtieron iglesias en establos. Además, el Estado implementó una estricta política de asimilación que incluyó la turquización de nombres de pueblos y el cierre de centros educativos.

El Tratado de Lausana garantizaba el derecho a la educación para las minorías no musulmanas, pero las restricciones oficiales impidieron la apertura de colegios asirios. En el año académico 1913-14 funcionaban 29 escuelas siríacas en el territorio otomano. Tras el cierre de la última institución en Mardin en 1928, la comunidad enfrentó una prohibición de facto para educar en su lengua materna durante casi noventa años.

La transmisión del idioma quedó relegada a las escuelas eclesiásticas de los monasterios, espacios donde las mujeres y niñas todavía tienen prohibido el acceso a las aulas. En 2013, un fallo judicial permitió la apertura de un jardín de infancia siríaco, pero la Federación de Asociaciones Siríacas (SÜDEF) denuncia que el Ministerio de Educación Nacional (MEB) ignora las solicitudes para abrir escuelas primarias. La lengua siríaca se encuentra actualmente en el Atlas de Lenguas Amenazadas de la UNESCO.

El renacimiento cultural en Midyat y el reconocimiento internacional

A pesar de los obstáculos burocráticos, la comunidad asiria de Turquía, reducida hoy a unas 25.000 personas, mantiene vivas sus tradiciones. El experto en lingüística Adem Coşkun, presidente del Instituto Turabdin, logró inaugurar en 2025 un curso oficial de lengua siríaca en el distrito de Midyat, un hito inédito en la historia de la República.

Cada 15 de junio, las iglesias siríacas celebran servicios religiosos en memoria de las víctimas. La persistencia de la diáspora ha logrado que diez países reconozcan oficialmente el genocidio de Sayfo: Suecia y Países Bajos, Armenia y Siria, Francia y Alemania, El Vaticano, República Checa, Luxemburgo y Austria

En el 111.º aniversario de la tragedia, la comunidad inaugura un monumento conmemorativo en el monasterio ortodoxo siríaco de Mor Efrem, ubicado en Glane, Países Bajos. Los asirios en el exilio exigen la devolución de sus bienes confiscados y el derecho al retorno seguro a sus tierras ancestrales en Turquía. El anhelo de los sobrevivientes sigue siendo regresar a la patria para evitar morir en la nostalgia, una deuda histórica que la comunidad de Armenia y la diáspora global asiria continúan reclamando ante la comunidad internacional.

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