
🚨 Alerta comercial: Un informe de la Casa Blanca acusa a Georgia y Azerbaiyán de ayudar a China a evadir los aranceles de Donald Trump.
Un explosivo informe de 25 páginas publicado por la Oficina de Política Comercial y Manufacturera de la Casa Blanca (OTMP, por sus siglas en inglés) ha puesto bajo la lupa a la infraestructura logística del Cáucaso y el “Corredor Medio”. El documento, titulado «La gran estafa del transbordo» (o “El gran fraude del tránsito”), acusa formalmente a Georgia, Azerbaiyán, Turquía, Kazajistán y Uzbekistán de formar parte de una sofisticada red global de unos 40 países utilizados por Pekín para evadir de forma masiva los aranceles de Estados Unidos.
La administración de Donald Trump define este ecosistema de reexportación como un “contrabando ilegal disfrazado de comercio”. El esquema reportado por la inteligencia comercial estadounidense funciona de manera sistemática:
Desvío de ruta: Un producto fabricado en China, sujeto a altos aranceles en puertos estadounidenses, se exporta primero hacia un tercer país socio.
Falsificación de origen: En estas estaciones puente, la mercancía se reenvasa, se ensambla o se somete a procesamientos industriales mínimos.
Ingreso a EE. UU.: El bien final se introduce al mercado estadounidense con un certificado de origen modificado, eludiendo las penalizaciones económicas y hundiendo artificialmente los precios.

El informe pone un foco crítico sobre los países que integran las rutas comerciales euroasiáticas alternativas. Junto a gigantes logísticos como la Unión Europea, Canadá e Israel —clasificados en la categoría de “grandes”—, el eje del Cáucaso y Asia Central opera como un canal poroso de transbordo para las corporaciones chinas.
El caso de Georgia ilustra a la perfección el desbalance que encendió las alarmas en Washington. Según las auditorías oficiales del año 2025:
Georgia importó bienes desde China por un valor total de 1.980 millones de dólares. Sin embargo, de todo ese volumen físico y financiero, la nación caucásica solo exportó de manera legítima a los Estados Unidos el 6 por ciento (equivalente a 120 millones de dólares).
Los analistas de la Casa Blanca sugieren que la enorme brecha restante se mimetiza y se licúa mediante la alteración de manifiestos de aduana y el uso intensivo de zonas de libre comercio regionales para burlar la ley estadounidense.
La Casa Blanca sitúa las raíces de esta “red paralela” en el año 2018, cuando se impusieron los primeros aranceles bajo la Sección 301. No obstante, las tensiones comerciales alcanzaron niveles sísmicos en febrero de 2025, cuando el presidente Donald Trump escaló las tasas impositivas a China de forma agresiva hasta un techo del 145 por ciento en el mes de abril.
Pekín respondió de manera simétrica imponiendo gravámenes del 125 por ciento a las importaciones estadounidenses, arrastrando a las dos mayores economías globales al borde de una recesión internacional. Tras una cumbre de estabilización estratégica y negociaciones en mayo de 2025 entre Donald Trump y Xi Jinping, Washington redujo el arancel punitivo al 30%, mientras que China replegó sus tasas al 10%.
Pese a esta tregua arancelaria parcial, las restricciones estructurales previas a 2025 continúan activas en el Congreso de los EE. UU. Además, las políticas aduaneras norteamericanas vigentes mantienen una tasa base general del 10 por ciento para casi todas las naciones del mundo —incluyendo a Georgia— y cuotas específicas del 25 por ciento para socios comerciales como Kazajistán, un marco que sigue empujando a los exportadores chinos a refinar sus métodos de triangulación en el extranjero.






