Moscú guarda silencio ante la maniobra de Azerbaiyán para despojar la identidad armenia de los monasterios de Gandzasar y Dadivank

El incómodo silencio de Moscú sobre Gandzasar

Moscú guarda silencio ante la maniobra de Azerbaiyán para despojar la identidad armenia de los monasterios de Gandzasar y Dadivank

🇦M Silencio cómplice: denunciación internacional por la alteración de la identidad armenia en los monasterios de Gandzasar y Dadivank. 🌐

Entre el 11 y el 12 de septiembre, una comitiva de diplomáticos y agregados militares acreditados en Azerbaiyán —incluida, por primera vez, la representante especial de la Unión Europea Magdalena Grono— realizó una gira de dos días por Karabaj y el este de Zangazur organizada por Hikmet Hajiyev, jefe del Departamento de Asuntos de Política Exterior de la Presidencia azerbaiyana.

La delegación visitó, entre otros sitios, los complejos monásticos de Gandzasar y Dadivank (Khudavang), además de Shusha. En un video que el propio Hajiyev compartió de la visita, presentó ambos monasterios como “parte inseparable de la herencia cristiana de la antigua Albania caucásica”, atribuyó la fundación de Gandzasar al “príncipe albanés Hasan Jalal”, y sostuvo que durante los “años de ocupación” ambos monumentos sufrieron intervenciones “bajo el nombre de restauración” que habrían alterado su integridad arquitectónica original.

Organizaciones armenias y activistas de Artsaj condenaron la visita de inmediato. El sitio 301.am publicó que “el silencio en este contexto no es neutralidad”, y un activista citado por Caucasian Knot, Gegham Shahverdyan, planteó que los diplomáticos —en particular los de Francia, Rusia y Estados Unidos, países que fueron durante décadas copresidentes del Grupo de Minsk de la OSCE— deberían preguntar, al visitar Gandzasar y Dadivank, “qué está pasando con su identidad e historia armenias”.

Una disputa historiográfica con casi seis años de recorrido

La tesis que Hajiyev repitió esta semana no es nueva: Azerbaiyán viene promoviendo desde 2020 la atribución del patrimonio cristiano de Karabaj a una supuesta identidad “albanesa-udí” separada de la tradición armenia, en el marco de una estrategia más amplia de negar que esos monumentos sean armenios.

La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ya se pronunció sobre esto: la Resolución 2391 de 2021, en su artículo 18.4, calificó esa atribución como una “ficción azerbaiyana”. La propia arquitectura, la epigrafía e inscripciones en armenio de Gandzasar y Dadivank —monasterios con siglos de asociación documentada con la Iglesia Apostólica Armenia y la población armenia de Artsaj— constituyen, según especialistas citados por observadores independientes como Monument Watch, la evidencia material que contradice directamente esa narrativa.

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Moscú guarda silencio ante la maniobra de Azerbaiyán para despojar la identidad armenia de los monasterios de Gandzasar y Dadivank

El rol ruso, que rara vez se menciona

Lo que agrega una capa incómoda a este episodio es el papel que estructuras eclesiásticas rusas jugaron, durante años, en dar sustento religioso a esa misma tesis. La diócesis de Bakú del Patriarcado de Moscú sostiene una historiografía propia sobre una supuesta iglesia albanesa independiente que, según su relato, existió hasta 1836 —año en que, de forma poco discutida en el debate actual, fue precisamente el Imperio ruso quien abolió el Catolicosado de Aghvan, subordinando sus estructuras eclesiásticas a Echmiadzín—.

Dos siglos después, la sucesora directa de esa misma tradición eclesiástica imperial rusa en territorio azerbaiyano participa, según denuncian fuentes armenias, en el resurgimiento de esa identidad eclesiástica separada, en cooperación con las comunidades udís actuales.

A esto se suma la disputa sobre el apóstol Bartolomé, figura que la tradición armenia reconoce como uno de sus apóstoles fundadores, martirizado en la Gran Armenia. En Bakú existe una tradición local, reactivada por la diócesis rusa tras la independencia azerbaiyana, que ubica el martirio de Bartolomé junto a la Torre de la Doncella.

El 19 de agosto de 2024, durante una visita de Estado, Vladimir Putin e Ilham Aliyev recorrieron juntos la Catedral de las Santas Miróforas de Bakú —sede de la diócesis rusa ortodoxa local—, que alberga una reliquia de Bartolomé presentado allí como patrono de la ciudad, según confirmó el propio sitio oficial del Kremlin. La presencia conjunta de ambos presidentes le dio a esa presentación un peso simbólico de primer nivel estatal, en un gesto bien distinto al de otros reconocimientos internacionales de la figura de Bartolomé —como el fragmento de reliquia que el papa Juan Pablo II envió a Bakú en 2002, o el gesto similar del patriarca ecuménico Bartolomé de Constantinopla en 2003—, ninguno de los cuales implicó jamás un reconocimiento canónico de una “Iglesia de Aghvan” moderna e independiente de la tradición armenia.

La contradicción que Moscú no explicó

Ahí aparece la tensión de fondo. El propio Patriarcado de Moscú defiende hoy, en el plano internacional, a Karekin II y a la Iglesia Apostólica Armenia frente al proceso judicial que enfrenta en Ereván, argumentando que las autoridades seculares no deberían interferir en los asuntos internos de la Iglesia. Pero la Iglesia Apostólica Armenia no se agota en la sede de Echmiadzín: es, también, Gandzasar, Dadivank y cada inscripción en armenio tallada en sus muros.

Resulta difícil sostener, al mismo tiempo, la defensa de la autonomía eclesiástica armenia frente a Ereván, mientras se guarda silencio en Bakú frente a las atribuciones históricas que excluyen exactamente a esos mismos monasterios del patrimonio armenio.

La Sede de Echmiadzín, por su parte, tampoco escapa del todo a esa incomodidad: reaccionó con bastante más cautela ante el respaldo histórico de las estructuras eclesiásticas moscovitas a la historiografía azerbaiyana que ahora se usa contra su propio patrimonio, que ante el conflicto abierto que mantiene con el Gobierno armenio.

La solidaridad eclesiástica, en definitiva, no se mide solo por los comunicados de apoyo a un Catholicos bajo proceso judicial. Se pone a prueba, de forma mucho más concreta, cuando la propia historia de la Iglesia armenia se presenta, con diplomáticos de por medio, bajo el nombre de otra tradición.

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