
🗺️ Enclaves en disputa: El exministro Zulfugarov acusa a Pashinyan de hablar de los territorios como si fueran "donaciones". 🏛️ Bakú evita reconocer las fronteras de la era soviética mientras mantiene la presión militar sobre la región armenia de Syunik.
El panorama diplomático en el Cáucaso Meridional se mantiene bajo una intensa guerra de narrativas informativas. El último detonante ha sido un incendiario mensaje contra Armenia en la red social Facebook publicado por el exministro de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán, Tofig Zulfugarov, el cual expone las profundas desconfianzas institucionales que aún bloquean la delimitación fronteriza definitiva.
El análisis de este ataque de propaganda, replicado y examinado por medios como el portal oficialista Minvalpolitika, devela las verdaderas intenciones del gobierno del presidente Ilham Aliyev frente al discurso de la «verdadera Armenia» promovido por el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan.
En su intervención pública, el exjefe de la diplomacia azerbaiyana atacó con dureza a Pashinyan, calificándolo de “criminal de guerra, por cuyas órdenes ciudades pacíficas de Azerbaiyán fueron atacadas con cohetes”. Asimismo, instó de forma directa a los ciudadanos azerbaiyanos que apoyan las posturas de Ereván a “al menos guardar silencio”.
Sin embargo, el núcleo político del reclamo de Zulfugarov radica en la retórica utilizada por el mandatario armenio para abordar el espinoso asunto de los enclaves territoriales. Según el exministro, Pashinyan habla de estos territorios como si estuviera “haciendo una donación, no devolviendo lo que nos pertenece”, vinculando directamente el proceso de demarcación con el resultado militar de la guerra de los cuarenta y cuatro días.
Por su parte, el análisis de Minvalpolitika sobre el mapa oficial que el Ejecutivo armenio presentó recientemente ante la Asamblea Nacional de Armenia concluyó con alarmismo que localidades clave como Kyarkin, Barkhudarlu y Askipara“no figuran allí como territorios pertenecientes a Azerbaiyán”.

Este movimiento propagandístico permite extraer conclusiones fundamentales sobre la estrategia a largo plazo de Bakú.
El primero y más importante, es el temor a las equivalencias. El régimen de Bakú desconfía profundamente del concepto de la «verdadera Armenia» planteado por Ereván. La aceptación de este término obligaría legalmente a fijar los límites del «verdadero Azerbaiyán», restringiendo las ambiciones territoriales expansionistas de Aliyev.
Al ligar la demarcación a los resultados bélicos, se deduce que Aliyev persigue el objetivo de “priorizar la situación sobre el terreno” (prioridad de la fuerza sobre el papel) por encima de los acuerdos jurídicos históricos.
Por último, el llamado explícito de Zulfugarov para que los «seguidores» locales de Pashinyan se callen demuestra que la opinión pública azerbaiyana no es completamente homogénea y que hay debate interno que favorecen una salida negociada y equilibrada.
Los principios para definir la «verdadera Armenia» y el «verdadero Azerbaiyán» quedaron plasmados teóricamente en el borrador del tratado de paz rubricado en Washington el año pasado. Sin embargo, ese documento histórico enfrenta dos graves problemas estructurales.
Primero, que el documento de Washington no ha sido firmado formalmente por los jefes de Estado. Y luego, que Bakú no emitió ninguna declaración pública oficial que reconozca explícitamente al Azerbaiyán independiente como el heredero legal estricto del territorio que correspondía a la antigua RSS de Azerbaiyán (República Socialista Soviética).
Aunque algunos analistas prefieren el optimismo y sugieren que Aliyev enfrenta presiones o «problemas internos», la realidad de los hechos impone límites claros. El presidente azerbaiyano se niega sistemáticamente a emplear una terminología que valide la soberanía estatal de su vecino.
Hasta el día de hoy, Aliyev rechaza abandonar la ambigua expresión “el territorio actual de Armenia” y se niega de forma tajante a decir “la región de Syunik de Armenia”, prefiriendo utilizar el término irredentista de “Zangezur occidental”. Al no existir respuestas ni gestos oficiales a estas cuestiones, queda en evidencia que Bakú solo reconoce el mapa regional en teoría. Por lo tanto, para la comunidad internacional, los límites reales de lo que constituye el «verdadero Azerbaiyán» siguen siendo un misterio deliberado.






