
EE. UU. incluye en su lista negra a la mitad de los jueces de la CPI. Marco Rubio intensifica la campaña internacional para desmantelar el tribunal por sus investigaciones sobre Israel.
La Corte Penal Internacional (CPI) emitió una declaración de condena tras la ofensiva diplomática lanzada por la Casa Blanca. El tribunal internacional denunció enérgicamente las medidas coercitivas unilaterales impuestas por Estados Unidos, calificándolas como un ataque flagrante contra la independencia judicial y el estado de derecho global.
El Departamento de Estado de EE. UU. oficializó la congelación de activos financieros y restricciones operativas contra la presidenta del tribunal, la japonesa Tomoko Akane, y el fiscal principal, el senegalés Abdoulaye Seye. Las penalizaciones prohíben cualquier transacción de los juristas dentro de las jurisdicciones o sistemas bancarios norteamericanos.
La réplica oficial de la CPI advirtió sobre las graves consecuencias institucionales de estas represalias:
“Estas sanciones constituyen un ataque flagrante contra la independencia de una institución judicial imparcial que opera de conformidad con el mandato conferido por sus Estados Partes de todas las regiones.”
El tribunal penal internacional añadió de forma categórica que ni las presiones políticas ni la congelación de activos financieros alterarán su funcionamiento operativo, y ratificó su compromiso irrestricto de continuar trabajando en nombre de las víctimas de los crímenes más graves de trascendencia mundial.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, lideró la argumentación política de la administración de Donald Trump, tildando a la CPI de ser “un tribunal supranacional corrupto y fatalmente politizado que ha abusado maliciosamente de su autoridad”. El jefe de la diplomacia norteamericana justificó las sanciones señalando que ambos funcionarios judiciales han participado directamente en esfuerzos para procesar a ciudadanos de países que no han aceptado explícitamente la jurisdicción de la corte.
Fuentes informativas de la prensa de Israel revelaron componentes estratégicos que subyacen a la escalada del conflicto, El fiscal Abdoulaye Seye supervisa directamente la investigación internacional sobre la financiación israelí de los asentamientos ilegales y el suministro de armamento a colonos en la Cisjordania ocupada.
Washington ya había sancionado previamente al fiscal Karim Khan por conseguir órdenes de arresto contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el exministro de Guerra Yoav Gallant debido a presuntos crímenes de guerra en la Franja de Gaza.
La ofensiva de la administración Trump contra los organismos multilaterales ha alcanzado dimensiones sin precedentes. Actualmente, la mitad de los jueces del tribunal (9 de los 18 magistrados), los dos fiscales adjuntos, el exfiscal general y personal administrativo se encuentran incluidos en la lista negra estadounidense. Las restricciones también pesan sobre la relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, y diversas organizaciones palestinas defensoras de los derechos humanos como Al-Haq y Al Mezan.
Ante esta situación, la resistencia legal se trasladó a los propios tribunales norteamericanos. Cuatro grupos estadounidenses de derechos humanos presentaron una demanda formal contra el presidente Donald Trump ante un tribunal federal de Nueva York. La acción judicial busca anular un régimen penal punitivo que amenaza a cualquier ciudadano o entidad que colabore con la CPI con penas de hasta 20 años de prisión y multas de un millón de dólares.
A pesar de las demandas, la presión diplomática de la Casa Blanca ha comenzado a fisurar el bloque internacional. Tras el llamamiento de Marco Rubio para desmantelar la CPI “ladrillo a ladrillo”, naciones como Venezuela y Chad manifestaron oficialmente su intención de abandonar el Estatuto de Roma, elevando a cinco el número de países que han anunciado su retiro de la institución penal durante el último año.






