
Descubre por qué Azerbaiyán evita firmar un acuerdo de paz basado en la Declaración de Alma-Ata de 1991, y cómo esto afecta las relaciones con Armenia y la estabilidad regional.
A pesar de los esfuerzos diplomáticos, la paz sigue siendo esquiva entre Azerbaiyán y Armenia, especialmente cuando se trata de la Declaración de Alma-Ata de 1991, que fija las fronteras de las ex repúblicas soviéticas. Azerbaiyán ha mostrado una clara resistencia a firmar un acuerdo de paz basado en este documento, una postura que ha generado tensiones adicionales entre ambos países.
En una reciente conversación con periodistas, Arman Yeghoyan, presidente del Comité Permanente para la Integración Europea de la Asamblea Nacional de Armenia, destacó que Azerbaiyán está evitando de manera deliberada la consolidación de fronteras basadas en la Declaración de Alma-Ata. Según Yeghoyan, esta postura se debe a que Azerbaiyán no desea fijar las fronteras existentes desde el colapso de la Unión Soviética.
“Azerbaiyán hace todo lo posible para evitar la Declaración de Alma-Ata y nuestros partidos de oposición en Armenia también lo hacen”, afirmó Yeghoyan. “La declaración fijó las fronteras que existían en el momento del colapso de la URSS, y supongo que Azerbaiyán no quiere arreglar ninguna frontera, pero nosotros queremos consolidarlas”.
Esta resistencia de Azerbaiyán ha complicado aún más las negociaciones de paz. Mientras Armenia insiste en utilizar la Declaración de Alma-Ata como base para cualquier acuerdo, Azerbaiyán parece estar buscando otras alternativas que le permitan mantener una posición de ventaja en las discusiones.

El Gobierno de Armenia ha intentado involucrar a la comunidad internacional para mediar en este conflicto. Sin embargo, la falta de voluntad de Azerbaiyán para aceptar las fronteras históricas ha dificultado el progreso. A medida que las tensiones continúan, la posibilidad de una resolución pacífica parece cada vez más remota.
En un contexto más amplio, la postura de Azerbaiyán podría tener implicaciones significativas para la estabilidad de la región. La comunidad internacional, incluida la Unión Europea y otros actores globales, deben considerar el impacto de estas tensiones en la seguridad regional.
El futuro de las relaciones entre Armenia y Azerbaiyán depende en gran medida de cómo se resuelva este conflicto fronterizo. Si bien Armenia sigue comprometida con un proceso de paz basado en la Declaración de Alma-Ata, la falta de acuerdo por parte de Azerbaiyán plantea serios desafíos para la estabilidad en la región.
La comunidad internacional tendrá que desempeñar un papel más activo para mediar en estas negociaciones y asegurar que cualquier acuerdo sea duradero y respetuoso con las fronteras históricas establecidas en 1991.
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