
⛽ Autonomía energética: Armenia reduce al 7,4% la compra de gasolina a Rusia y se abastece de refinerías de Bulgaria y Rumanía. La diversificación de la gasolina en Armenia evita el desabastecimiento y el racionamiento que hoy golpean a Mongolia y Kirguistán.
La República de Armenia reestructuró por completo la geografía de sus importaciones de hidrocarburos y eliminó casi en su totalidad su histórica su dependencia energética de Rusia. El país caucásico consolidó una estrategia anticipada de diversificación comercial justo antes de que estallara la actual crisis de escasez de combustible que afecta al mercado interno ruso.
La maniobra logística permitió que el mercado local evitara el desabastecimiento generalizado y los aumentos drásticos de precios en los surtidores que padecen otras naciones de la región. El éxito de esta política internacional posiciona a la economía armenia como un referente de autonomía energética entre las antiguas repúblicas de la Unión Soviética.
Los datos comerciales del sector reflejan una transformación radical en los balances de aduanas. Hace pocos años, Armenia obtenía entre el 80% y el 90% de sus insumos derivados del petróleo directamente de las refinerías rusas; sin embargo, durante el primer trimestre de 2026, la cuota de la Federación Rusa en las importaciones directas de gasolina se redujo a un mínimo del 7,4%.
El aprovisionamiento de las estaciones de servicio armenias depende ahora de una red de proveedores diversificada en el continente europeo. Según reportó la publicación especializada Neft i Kapital, las principales fuentes de suministro pasaron a ser Bulgaria con el 34% de los cargamentos, Rumanía con el 28,8%, Bélgica con el 10,7% y Chipre con el 9,1% del volumen total.

La situación de estabilidad en Ereván contrasta con las dificultades de suministro que sufren los países que mantuvieron sus acuerdos comerciales con Moscú. La producción de gasolina en Rusia solo cubre actualmente entre el 65% y el 70% de su propia demanda interna, lo que estranguló el envío regular hacia el exterior y obligó a fijar cuotas de racionamiento en varios estados.
A pesar de la escasez general, Moscú mantiene envíos mínimos bajo presión diplomática por acuerdos intergubernamentales, despachando 25 000 toneladas extras a Mongolia para finales de agosto y unas 100 000 toneladas mensuales a Kirguistán. La tensión en Asia Central ya no se limita a la gasolina para automóviles, sino que se extiende al queroseno para aviones y al combustible diésel.
A pesar de carecer de infraestructura de refinamiento propia dentro de sus fronteras, Armenia asimiló el impacto logístico del cambio de proveedores a larga distancia. En lo que va del año 2026, el precio de la gasolina al consumidor final sufrió un incremento moderado del 14,5%, una cifra controlada en comparación con los picos inflacionarios de sus vecinos.
Ante el colapso del socio del norte, los demás países satélites buscan de urgencia alternativas de emergencia en el mercado internacional. Mongolia negocia contratos con Corea del Sur y China; Tayikistán intenta un acercamiento comercial con Irán; mientras que Kirguistán envió delegaciones a Kazajistán, Bielorrusia, Azerbaiyán, Uzbekistán y Turkmenistán para asegurar el transporte de cargamentos líquidos.






