
Cinco años después del fin de la Guerra de los 44 días, Armenia recuerda a sus caídos y encara el vacío de Artsaj. Memoria, duelo y preguntas abiertas.
El 9 de noviembre se cumplen cinco años desde la firma del alto el fuego que puso fin a la Guerra de los 44 días entre Armenia y Azerbaiyán. Aquel día, los líderes de ambos países y el presidente de Rusia sellaron una declaración que buscaba detener los combates y establecer una nueva realidad política en la región.
Tres años más tarde, el 19 de septiembre de 2023, Azerbaiyán lanzó una operación militar de gran escala contra Artsaj, tras casi diez meses de bloqueo sobre su población. La falta de acción por parte de los fuerzas de paz rusas, consideradas garantes según el acuerdo del 9 de noviembre de 2020, profundizó la sensación de abandono.
El presidente de Artsaj, Samvel Shahramanyan, recién asumido, firmó un documento que ordenó la entrega de armas y anunció la disolución de las instituciones del territorio. El resultado fue inmediato. Más de 100.000 personas abandonaron sus hogares en pocos días. Nagorno-Karabaj quedó despoblado.
Un veterano desplazado resume el sentimiento colectivo: “Perdimos la tierra, pero no la memoria”.

En Yerablur, familiares de soldados caídos se reunieron para honrar a los combatientes. La escena volvió a recordar los duelos inconclusos de una generación marcada por la guerra.
Paralelamente, en la iglesia de Santa Madre de Dios en Talin, se celebró una liturgia dedicada a los soldados armenios fallecidos. El primer ministro Nikol Pashinyan asistió y declaró: “Recordamos a quienes entregaron sus vidas por su pueblo”.
La ceremonia también expuso una discusión interna. El sacerdote Tade Takhmazyan, quien presidió la liturgia, enfrenta actualmente un proceso disciplinario dentro de la estructura eclesiástica. La Comisión de Premios y Cuestiones Disciplinarias evalúa su posible expulsión, al igual que la de los sacerdotes Stepan Asatryan y Hunanyan. El tema refleja fracturas religiosas y políticas en medio de la conmemoración.
Un analista religioso señaló: “La memoria del duelo se cruza hoy con disputas de autoridad y legitimidad espiritual”.






