Kobakhidze acusa a un “Estado profundo” global de etiquetar a Georgia como prorrusa por rechazar instrucciones y propaganda occidental

La amistad entre Armenia y Georgia que se mide en vuelos semanales. Por Klaus Lange Hazarian

Kobakhidze acusa a un “Estado profundo” global de etiquetar a Georgia como prorrusa por rechazar instrucciones y propaganda occidental

✈️ Los vuelos entre Armenia y Georgia crecieron un 36%. 🏔️ Armenia busca pasar de país encerrado a cruce de caminos regional. 🚢 La conexión con los puertos del Mar Negro es clave.

Solemos hablar de Armenia y Georgia con el vocabulario de la amistad histórica: pueblos vecinos, cristiandad compartida, una región común frente a enemigos comunes. Es un vocabulario cómodo, y no está mal usarlo. Pero en geopolítica, la amistad que de verdad perdura no es la que se declara en un brindis: es la que se mide en itinerarios de vuelo.

Según cifras que circulan estos días, el tráfico de pasajeros en vuelos directos regulares entre Armenia y Georgia creció un 36% entre enero y julio de este año, con una docena de vuelos semanales operando desde dos aeropuertos internacionales georgianos hacia Ereván. En Batumi, durante el Foro Marítimo Internacional de Georgia de este año —donde autoridades de ambos países se reunieron formalmente para hablar de transporte, energía y aviación—, ya se discutió abrir una ruta regular entre Kutaisi y Ereván. No tengo forma de verificar hasta el último decimal cada una de esas cifras, pero la dirección del dato coincide con lo que sí pude confirmar de forma independiente: Kutaisi viene creciendo con fuerza como base de aerolíneas de bajo costo, con decenas de rutas nuevas anunciadas solo este año, y Tbilisi y Kutaisi crecieron 8% y 7% respectivamente en pasajeros durante el primer trimestre de 2026, mientras Georgia invierte en ampliar esa misma infraestructura.

Armenia Georgia vuelos
El tráfico aéreo entre Armenia y Georgia crece 36%. ¿Cómo puede Ereván transformar los vuelos en verdadero desarrollo económico?

Por qué el mapa importa más que el discurso

Durante treinta años, la dependencia de Armenia respecto a Georgia como su principal puerta al Mar Negro y al resto del mundo se leyó casi siempre como una debilidad: un país sin salida al mar, encerrado por Turquía y Azerbaiyán al oeste y al este, obligado a pasar por territorio ajeno para llegar a cualquier puerto. Pero el tablero regional está cambiando, y con él cambia también el significado de esa dependencia. Si el corredor TRIPP efectivamente conecta la cuenca del Caspio, Azerbaiyán y Asia Central con Turquía y los mercados occidentales a través de Armenia, y esa misma Armenia sigue conectada al norte con las carreteras, ferrocarriles y puertos georgianos sobre el Mar Negro, entonces esas dos rutas no compiten entre sí: se combinan. Armenia deja de ser el final de un camino sin salida y empieza a ser, potencialmente, el cruce donde varios caminos se encuentran.

Me gusta pensar esto con el ejemplo de Venecia o Singapur, que tanto se repite en este tipo de análisis, porque ilustra algo que los pequeños Estados suelen subestimar sobre su propio poder: ni Venecia fue nunca grande en territorio, ni Singapur lo fue en ejército. Su fuerza consistió en que el mundo tenía que pasar, literalmente, por ellas. El poder geopolítico de un país chico no siempre se mide en divisiones militares. A veces se mide en cuántas rutas importantes lo atraviesan, y en cuántos otros Estados necesitan esas rutas para funcionar.

El peligro de confundir tránsito con riqueza

Pero acá quiero introducir la cautela que la euforia de estos datos no siempre incluye: ser un país de tránsito no genera riqueza de forma automática. Si Armenia se limita a poner la carretera y la logística básica, mientras los seguros, el almacenamiento, el financiamiento y los servicios comerciales que rodean ese tránsito se organizan en Tbilisi, en Estambul o en Dubái, lo que Armenia tendrá es tráfico, no transformación económica. Es la diferencia entre ser el lugar por donde pasan los camiones y ser el lugar donde esos camiones generan empleo, capital y conocimiento. Esa distinción no se resuelve abriendo una ruta aérea más: se resuelve con política deliberada —centros logísticos propios, capacidad de financiamiento y seguro locales, servicios de valor agregado— que hoy Armenia todavía no terminó de construir.

Lo que un 36% en realidad está diciendo

Si ese crecimiento en el tráfico de pasajeros es efectivamente tan alto como se reporta, el dato importa menos por el número en sí que por lo que revela: que la gente —turistas, empresarios, familias, trabajadores— ya se está moviendo entre Armenia y Georgia más rápido de lo que los mapas políticos de la región suelen reflejar. Eso no es un detalle menor. Cuando el movimiento humano y comercial empieza a adelantarse a la arquitectura diplomática formal, lo que corresponde no es celebrar el dato y seguir de largo: corresponde que los Estados se pongan al día con esa realidad, en lugar de dejar que la geografía y la economía sigan corriendo más rápido que la política. El futuro del Cáucaso Sur, sospecho, no lo va a decidir únicamente dónde se dibujan las fronteras en un mapa, sino qué fronteras las carreteras —y los vuelos semanales— terminan atravesando primero.

Leave a reply

Loading Next Post...
Search Trending
Popular Now
Loading

Signing-in 3 seconds...

Signing-up 3 seconds...