El lago Sevan aporta US$400 millones al año a la economía armenia. Impulsan un plan de tratamiento de aguas para proteger su ecosistema

Aliyev y Rubinyan discuten sobre mapas históricos y el lago Sevan

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Aliyev asegura que “no existe el lago Seván, sino Gyokcha”. Pero la historia y la lengua lo contradicen. El origen de Bakú es iranio, no túrquico. “No existe Bakú, existe Bagaran”: la geopolítica de los nombres en el Cáucaso. #Armenia #Bakú #Bagaran #Aliyev #Cáucaso

Ereván/Bakú, 3 de noviembre de 2025 – El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, aseguró que en los antiguos mapas imperiales rusos de principios del siglo XX “no existe el lago Sevan, existe el lago Goycha”. La declaración fue realizada durante la conmemoración del 80º aniversario de la Academia Nacional de Ciencias de Azerbaiyán.

Aliyev afirmó que “los azerbaiyanos nunca han sufrido la ‘enfermedad del separatismo’” y que el regreso a tierras históricas dentro de las fronteras actuales de Armenia “no debería asustar al pueblo armenio”. Añadió que los científicos han preparado estudios, mapas y publicaciones que, según él, demuestran que varios topónimos armenios son de origen azerbaiyano.

Rubinyan responde: “No hay mapas de Azerbaiyán en el pasado”

El vicepresidente de la Asamblea Nacional de Armenia, Rubén Rubinyan, respondió que “en los mapas antiguos no aparece Azerbaiyán, pero no tiene sentido volver al pasado. Necesitamos avanzar. El objetivo del acuerdo del 8 de agosto es precisamente este”.

Por su parte, el presidente de la Asamblea, Alen Simonyan, afirmó que las declaraciones de Aliyev parecen dirigidas a una audiencia interna y que no afectan la agenda de paz entre Armenia y Azerbaiyán. “Él cree que esta cuestión no se resolverá con la guerra. Planifica regresar en automóviles, no en tanques”, señaló.

Contexto: la paz de Washington y la cooperación regional

El debate ocurre en un momento crítico, tras el acuerdo de paz de Washington del 8 de agosto de 2025, que busca normalizar relaciones y avanzar en la cooperación económica y de seguridad en el Cáucaso Meridional.
Expertos locales consideran que las declaraciones históricas tienen más valor simbólico que práctico, mientras ambos gobiernos siguen negociando la apertura de fronteras y la estabilidad regional.

Aliyev y la batalla simbólica por los nombres del Cáucaso

El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, volvió a su personaje preferido de “historiador” formado en el MGIMO y afirmó que en los antiguos mapas del Imperio Ruso “no hay lago Seván, sino Gyokcha”. Con esa frase, el mandatario intenta legitimar una lectura selectiva del pasado que comienza con las conquistas rusas en el Cáucaso o con los janatos persas, borrando siglos de historia armenia.

Sin embargo, mucho antes de la formación del Estado ruso y de las invasiones túrquico-mongolas, el pueblo armenio ya había creado su propio sistema de escritura y documentado con precisión la geografía y los topónimos de su tierra. La toponimia armenia, escrita en manuscritos medievales, demuestra una continuidad cultural y lingüística que desafía los intentos modernos de reescribir el mapa histórico de la región.

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Aliyev dice que mapas antiguos muestran Goycha, no el lago Sevan; Rubinyan responde que tampoco aparece Azerbaiyán.

El mensaje político detrás del “Gyokcha”

Las declaraciones de Aliyev no son una simple divagación académica. Su objetivo es político. Al afirmar que “el regreso de los azeríes a Armenia no debe preocupar al pueblo armenio, porque nunca promovimos separatismo donde vivimos”, el líder de Bakú envía un mensaje claro: justificar la expulsión de los armenios de Nagorno Karabaj bajo la narrativa del “riesgo separatista”.

En el subtexto, Aliyev busca establecer una simetría falsa entre el desplazamiento forzado de armenios y el supuesto “derecho al retorno” de comunidades azeríes. Se trata de una operación discursiva que transforma la agresión en memoria histórica y la ocupación en acto de justicia.

El origen real del nombre Bakú: de “Bag” a “Bagavan”

Ya que el presidente mostró su “erudición toponímica”, vale responderle con la misma moneda. Las fuentes científicas identifican el nombre Bakú con el término iranio “bag”, que significa “dios”, de donde proviene “Bagavan”, “morada de los dioses”. En otro nivel, una lectura popular lo vincula con los vocablos “bad” y “kube”, que se traducen como “ciudad de los vientos”.

Sin embargo, la segunda versión carece de base lingüística sólida. Ambas derivaciones confirman que el origen de Bakú no es túrquico, sino iranio-zoroastriano. Este dato lingüístico desmiente la pretensión de que los turco-azeríes sean los habitantes originarios del territorio.

En la literatura y prensa armenias del siglo XIX, el nombre se escribía “Bagu”, reflejando esa raíz sagrada. Por eso, sostiene Atanesyan, deberíamos restaurar su forma original: Bagavan, la ciudad de los dioses.

Geopolítica de la memoria: cuando los mapas son armas

La manipulación de la historia geográfica del Cáucaso se ha convertido en parte central de la estrategia ideológica del régimen de Bakú. Redefinir los nombres es reescribir la legitimidad del territorio. Así, cada topónimo alterado se convierte en un acto político.

Al evocar los mapas zaristas, Aliyev no busca precisión histórica, sino una legitimación simbólica que le permita integrar la narrativa del nacionalismo azerí dentro del marco imperial ruso, mientras proyecta control cultural sobre Armenia.

En ese juego, Armenia se convierte en el blanco de una guerra toponímica donde los nombres —Seván, Artsaj, Bagaran— valen tanto como los acuerdos diplomáticos.

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