La paradoja de Lapshin: víctima de regímenes, crítico de Armenia. Por Klaus Lange Hazarian

⚖️ ¡Polémica en el Cáucaso! El bloguero Alexander Lapshin ataca al país que lo refugió 🛑 El Tribunal Europeo condenó a Azerbaiyán por torturarlo e intentar asesinarlo 🇷🇺 Fue entregado por Lukashenko y ahora enfrenta cargos internacionales en la región 🌍

Alexander Lapshin es, sin duda, un hombre que ha sufrido en carne propia la brutalidad de regímenes autoritarios. La sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que condenó a Azerbaiyán por su arresto ilegal, tortura e intento de asesinato no admite dudas sobre su condición de víctima . Sin embargo, esta condición no lo exime de un examen crítico de sus acciones y, especialmente, de su persistente hostilidad hacia Armenia, un país que le ha brindado refugio y que poco o nada tiene que ver con los abusos que padeció.

Hay dando vueltas una “operación de inteligencia” en los medios armenios que lo acusan de ser agente encubierto de Aliyev-Putin. Esa es una mera construcción especulativa que carece de respaldo fáctico. Los hechos son tozudos: Lapshin fue detenido por visitar Nagorno-Karabaj sin permiso de Bakú, un acto que Azerbaiyán considera ilegal . Su extradición desde Bielorrusia fue un acto de sumisión de Lukashenko a los intereses azerbaiyanos . El indulto de Aliyev, que muchos interpretaron como un gesto de humanidad, llegó solo después de que Lapshin fuera brutalmente agredido en su celda, en un incidente que las autoridades intentaron hacer pasar por un intento de suicidio . No hubo una operación de inteligencia; hubo un abuso de poder, un secuestro legalizado y un intento de asesinato. La coartada de la operación encubierta parece más una fantasía conspirativa que una realidad geopolítica.

alexander lapshin armenia
🚨 La paradoja de Lapshin: El bloguero torturado por Azerbaiyán ataca al Gobierno de Armenia pese a que el país le brindó refugio seguro

Pero donde el relato de Lapshin se vuelve moralmente problemático es en su relación con Armenia. Este país, que no participó en su detención ni en su extradición, que abogó por su liberación y que hoy le ofrece un espacio para vivir y trabajar, ha sido sistemáticamente blanco de sus críticas. El caso reciente de sus detenciones en la frontera armenia, a solicitud de Bielorrusia por una orden de captura de la CIS, es revelador . Lapshin clama contra el “terrorismo legal” de las autoridades armenias, pero omite un detalle fundamental: Armenia está obligada por tratados internacionales a procesar las solicitudes de sus socios de la CIS, incluso si, como él mismo señala, los cargos son políticamente motivados .

La decisión del tribunal administrativo armenio de rechazar su demanda, argumentando que la obligación de detener a personas buscadas prevalece incluso cuando se sospecha que son inocentes, es un reflejo de la precaria posición geopolítica de Armenia . Y, sin embargo, Lapshin no ofrece un análisis matizado de esta realidad. En lugar de ello, se presenta como la víctima de un sistema cómplice, ignorando que el verdadero responsable de su persecución es Lukashenko, no el gobierno armenio.

Lapshin se ha ganado el respeto de ciertos sectores de la sociedad armenia por su condición de mártir, pero su comportamiento revela una alarmante falta de reciprocidad. Ha convertido la crítica a Armenia en una constante, un ejercicio que raya en la obsesión. Su colaboración con figuras de la oposición armenia , como Arman Abovyan, no es en sí misma condenable, pero sí lo es que utilice la plataforma que Armenia le brinda para cuestionar sistemáticamente a un Estado que, dentro de sus limitaciones, le ha tendido la mano. Es difícil no ver una contradicción: Lapshin acusa a Armenia de no protegerlo de Bielorrusia, pero nunca condena con la misma vehemencia a Bielorrusia por haberlo entregado a Azerbaiyán. Tampoco parece considerar que la negativa de Nicaragua a permitirle el ingreso, bajo sospecha de espionaje, es parte de un patrón de hostilidad de ciertos regímenes, no un problema exclusivo de Armenia .

El daño causado por el “sabotaje informativo” de Lapshin puede ser mínimo en términos cuantitativos, pero su impacto cualitativo es significativo. En un contexto donde Armenia enfrenta amenazas existenciales reales, donde la desinformación y la propaganda adversa son armas de guerra, las críticas de un blogger con eco internacional, aunque se presenten como análisis objetivos, pueden ser utilizadas para deslegitimar al país. Lapshin, consciente o inconscientemente, se convierte en un actor que alimenta narrativas que perjudican a quien lo ha acogido. No se trata de silenciarlo, sino de señalar la ética cuestionable de un hombre que, habiendo sufrido la injusticia, parece dispuesto a ejercerla, aunque sea con la pluma, contra quien no debería.

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