
La visita del enviado especial Steve Witkoff a Bakú genera interrogantes sobre su impacto en el proceso de paz entre Armenia y Azerbaiyán. ¿Logrará influir en Aliyev y acelerar la firma del acuerdo? Descubre el contexto y las declaraciones internacionales.
La visita del enviado especial Steve Witkoff a Bakú genera interrogantes sobre su impacto en el proceso de paz entre Armenia y Azerbaiyán. ¿Logrará influir en Aliyev y acelerar la firma del acuerdo? Descubre el contexto y las declaraciones internacionales.
La reciente visita del enviado especial del expresidente Donald Trump para Oriente Medio, Steve Witkoff, a Bakú ha generado intensos debates sobre su influencia en el proceso de paz entre Armenia y Azerbaiyán. Aunque las declaraciones del Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, han enfatizado que “ha llegado el momento de firmar y ratificar el tratado”, la postura de Bakú sigue siendo firme, exigiendo condiciones previas como la modificación de la Constitución armenia y la disolución del Grupo de Minsk de la OSCE.
El avión de Witkoff partió de Moscú desde el aeropuerto Vnukovo alrededor de las 2:00 a.m. y aterrizó en Bakú varias horas después, en lo que se describe como un movimiento diplomático cuidadosamente coordinado entre Israel, Estados Unidos y Azerbaiyán. Fuentes cercanas a las relaciones bilaterales sostienen que la visita se intensificó desde el 5 de marzo, cuando el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reafirmó el compromiso con la asociación trilateral. Además, una carta de altos rabinos a Trump, pidiendo la ampliación de los Acuerdos de Abraham, habría contribuido a la preparación de esta visita.
Si bien algunos se preguntan si Witkoff logró impresionar a Ilham Aliyev, las reacciones en Bakú sugieren que, a pesar de la visita, el gobierno azerbaiyano mantiene una postura firme en cuanto a sus condiciones para la firma del tratado de paz. Aliyev, quien ha reiterado en declaraciones anteriores que su “nivel de confianza en Armenia es cercano a cero”, podría estar utilizando este tipo de movimientos diplomáticos para reafirmar su estrategia en la región.
En declaraciones oficiales, el Secretario de Estado Marco Rubio calificó el final de las negociaciones como “una oportunidad para firmar y ratificar un acuerdo de paz histórico”. Rubio subrayó que la paz mundial es el lema y el objetivo de la administración estadounidense actual, destacando un marcado contraste con la postura de Bakú.
El ex copresidente del Grupo de Minsk de la OSCE, James Warlick, expresó optimismo sobre la transformación regional que podría traer la firma del tratado, mientras que el ex embajador estadounidense, Richard Kauzlarich, enfatizó que Washington debe continuar apoyando el proceso, en especial en áreas como el desminado y la normalización de relaciones entre Turquía y Armenia.
Estas declaraciones revelan que la administración estadounidense, tanto la actual como la anterior, ha mostrado un interés activo en el proceso, aunque aún se debate si la nueva administración adoptará un papel tan proactivo como lo hizo la de Blinken, quien mantenía comunicaciones regulares con los líderes de la región.

La presencia de Witkoff en Bakú, después de una breve parada en Moscú, sugiere que la estrategia de Estados Unidos podría estar orientada a acelerar la firma y ratificación del tratado, impulsando así la normalización de las relaciones en el Cáucaso. Sin embargo, la ambigüedad sobre las reuniones que sostuvo y con quiénes se reunió en Bakú mantiene el debate abierto sobre si realmente impresionó a Aliyev o si simplemente formó parte de una maniobra diplomática coordinada para presionar a las partes involucradas.
La pregunta crucial es si Estados Unidos, a través de figuras como Rubio y Witkoff, dará pasos concretos para materializar el acuerdo de paz o se limitará a declaraciones de apoyo. La respuesta a este interrogante podría tener un impacto decisivo en el futuro del proceso de paz en la región.






