Las protestas en Turquía revelan su patrón histórico: el imperio se reinventa. Análisis de por qué Armenia no debe confiar

Turquía: un imperio que se reinventa en cada protesta. Por Klaus Lange Hazarian

Las protestas en Turquía revelan su patrón histórico: el imperio se reinventa. Análisis de por qué Armenia no debe confiar

Las protestas en Turquía revelan su patrón histórico: el imperio se reinventa. Análisis de por qué Armenia no debe confiar en falsas promesas de democracia.

Las recientes manifestaciones en Eskisehir, donde los manifestantes ondeaban imágenes del trío de los Jóvenes Turcos junto a Atatürk, son un recordatorio escalofriante: Turquía no cambia, solo es un imperio que se reinventa. Mientras Erdogan encarcela opositores y baila sobre hogueras en Nowruz, los medios iraníes se burlan, esperando su caída. Pero la historia enseña que los sultanes pasan, el sultanato perdura.

Atatürk, el “padre de la Turquía moderna”, llegó al poder prometiendo secularismo y hermandad, pero su régimen continuó la política genocida de sus predecesores. En 1919, el tribunal de Constantinopla condenó a muerte a Talaat, Enver y Djemal por crímenes contra la humanidad, pero escaparon. Solo la justicia armenia los alcanzó: Talaat cayó en Berlín en 1921, Djemal en Tiflis en 1922. Sin embargo, Atatürk, lejos de romper con este legado, lo perpetuó bajo nuevas consignas. Su “revolución” no fue más que un lavado de imagen para evitar la desintegración del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial.

Turquía imperio reinventa
Las protestas en Turquía revelan su patrón histórico: el imperio se reinventa. Análisis de por qué Armenia no debe confiar

Hoy, las protestas contra Erdogan repiten el mismo guión: promesas de democracia seguidas de represión. Los manifestantes que claman por un retorno al kemalismo olvidan que Atatürk firmó el Tratado de Kars, robando territorios armenios, y masacró a los kurdos en Dersim. Turquía, ya sea bajo sultanes, jóvenes turcos o “demócratas”, siempre ha sido un Estado-imperio que se alimenta de la expansión y la negación.

Erdogan no es una anomalía, sino el último eslabón de esta cadena. Su proyecto neo-otomano sigue la misma lógica: ahogar a Armenia mediante Azerbaiyán, usar migrantes como arma contra Europa y desestabilizar Siria e Irak. Las protestas actuales, lejos de ser una esperanza, son otro capítulo en la eterna lucha por controlar la misma máquina de dominación.

Para Armenia y la región, la lección es clara: esperar que Turquía cambie es un espejismo. La única estrategia viable es construir fortalezas —económicas, militares, diplomáticas— que resistan sus embates, incluso tendiendo puentes diplomáticos. Como escribió el poeta Paruyr Sevak: “Los imperios pasan, las piedras quedan”.

Leave a reply

Loading Next Post...
Search Trending
Popular Now
Loading

Signing-in 3 seconds...

Signing-up 3 seconds...