Turquía: el largo brazo de la censura extraterritorial

SoyArmenioMundo11 months ago

Turquía refuerza su censura extraterritorial, presionando a plataformas como Netflix y X para silenciar narrativas críticas sobre su historia. ¿Qué implica esto para la libertad de expresión global?

Turquía se ha consolidado como uno de los principales actores en la censura extraterritorial, utilizando su poder político y económico para influir en medios internacionales, redes sociales y plataformas de streaming.

En septiembre de 2024, Netflix cedió a la presión del gobierno turco y estrenó la serie Famagusta solo en Grecia y Chipre, evitando su disponibilidad en otros países. La miniserie aborda la invasión turca de Chipre en 1974, un tema históricamente sensible para Ankara.

El director del Consejo Supremo de Radio y Televisión de Turquía, Ebubekir Sahin, intervino personalmente en el caso, reuniéndose con ejecutivos de Netflix para frenar la distribución del contenido en otros países.

Turquía censura extraterritorial
Turquía refuerza su censura extraterritorial, presionando a plataformas como Netflix y X para silenciar narrativas críticas sobre su historia

Un patrón histórico de censura global

Los intentos de Turquía por controlar la narrativa sobre su pasado no son nuevos. En 1933, el gobierno turco presionó con éxito al estudio MGM para cancelar la adaptación cinematográfica de Los cuarenta días de Musa Dagh, una novela sobre el genocidio armenio.

Recientemente, la censura turca ha alcanzado un nuevo nivel con la suspensión de cuentas en redes sociales. En marzo de 2025, X (anteriormente Twitter) bloqueó 42 cuentas de periodistas y activistas turcos en el extranjero, cumpliendo con las exigencias del gobierno de Recep Tayyip Erdogan.

Turquía ha sabido aprovechar su posición estratégica como miembro de la OTAN y mediador entre Occidente, Rusia e Irán para ejercer presión diplomática sobre los medios. Además, su influencia económica y su diáspora han jugado un papel clave en la censura de contenido crítico con la narrativa oficial.

El caso de Famagusta y la creciente presión sobre redes sociales y plataformas de streaming plantean una pregunta preocupante: si una nación puede borrar ciertos relatos históricos, ¿qué impide que lo haga con otros?


Fuentes:

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