
El acuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán, listo para ser firmado, ha generado tanto felicitaciones internacionales como serias críticas sobre temas históricos y controversiales.
El anuncio de que el acuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán está listo para ser firmado ha generado una avalancha de felicitaciones y críticas en la arena internacional y nacional. Mientras Ereván celebra el fin de las negociaciones y la aprobación del documento –que consta de 17 puntos (15 ya acordados y dos pendientes, relacionados con la renuncia a reclamaciones internacionales y la no movilización de representantes de terceros países en la frontera)–, también surgen serias preocupaciones.
El primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, aseguró en una rueda de prensa que el borrador del tratado es el resultado de largas y complejas negociaciones, y afirmó:
“No tenemos secretos para nuestra sociedad; cada artículo del acuerdo ha sido publicado por separado. Considero que el contenido actual es una opción de compromiso aceptable y, en estas circunstancias, es aceptable para Armenia”.
Estas declaraciones refuerzan el mensaje de que, a pesar de no ser un texto ideal, el documento representa un avance hacia la normalización de relaciones y la resolución de conflictos en el Cáucaso Sur. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Armenia confirmó que el acuerdo está listo para ser firmado y que se están coordinando consultas para definir el momento y el lugar de la firma.
La conclusión de las negociaciones ha sido recibida con felicitaciones y esperanzas por parte de la comunidad internacional. El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, expresó su aliento y ofreció su apoyo para acelerar la firma del tratado. Asimismo, Kaia Kallas, Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, destacó que la Unión Europea respalda plenamente los esfuerzos de normalización entre Armenia y Azerbaiyán y está dispuesta a proporcionar asistencia adicional.
En Estados Unidos, el Secretario de Estado, Marco Rubio, calificó el final de las negociaciones como “una oportunidad para firmar un acuerdo de paz histórico”, subrayando la importancia de cerrar este capítulo de décadas de conflicto. Además, líderes europeos como el presidente francés Emmanuel Macron y la ministra alemana Annalena Baerbock han manifestado su satisfacción por el logro, mientras el Ministerio de Asuntos Exteriores español y el portavoz iraní, Esmail Baghaei, expresaron su esperanza en que el acuerdo se traduzca en estabilidad y paz duradera.
Aunque el acuerdo ha sido ampliamente felicitado, también persisten preocupaciones. En declaraciones recientes, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, destacó que “nuestro nivel de confianza en Armenia es cercano a cero”, y reiteró demandas como la eliminación de las “reivindicaciones territoriales” presentes en la Constitución armenia y la disolución del Grupo de Minsk de la OSCE.

El espectro político armenio minoritario y la diáspora manejada por las instituciones de la ARF Dashnaktsutyun salieron a afirmar que los acuerdos alcanzados con Azerbaiyán fueron bajo la amenaza del uso de la fuerza y que son solo concesiones que no tienen nada que ver con un proceso de paz real y sostenible.
Sin embargo, la mayoría de los analistas políticos apoyaron el acuerdo alcanzando, pero con mucha cautela.
El analista político Ruben Mehrabyan cree que si Azerbaiyán se niega a firmar el acuerdo hasta que Armenia modifique su constitución y disuelva el Grupo de Minsk de la OSCE , se enfrentará a presiones de todos los lados.
“Según la ley armenia, no es posible adoptar una nueva constitución antes de 2027. ¿Y qué dice Azerbaiyán? En esencia, ¿significa que no firmarán el acuerdo antes de junio de 2027? Que lo digan. Pero no lo expresan así, no lo dicen abiertamente. Azerbaiyán intenta ganar tiempo y culparnos por negarnos a firmar. No estoy seguro de que lo consigan“
Mehrabyan sostiene que la comunidad internacional no permitirá retrasos en la firma del tratado de paz entre Armenia y Azerbaiyán ya que se han acordado todas las disposiciones.
Al mismo tiempo, enfatiza que el texto del acuerdo sigue siendo incierto, ya que aún no se ha publicado. Aún tiene preguntas sin respuesta, incluidas las relativas a las dos disposiciones ya acordadas.
En cuanto a la exclusión de fuerzas de terceros países de la frontera, Meghrabyan se pregunta si la misión civil de la UE puede considerarse una fuerza de terceros países. Subraya que los observadores no están estacionados en la frontera, sino que solo se acercan a ciertas zonas con fines de vigilancia.
Al comentar la condición de retirar demandas judiciales ante tribunales internacionales, el analista aclara que esto se aplica a demandas intergubernamentales
Hay 150.000 víctimas [armenios de Nagorno-Karabaj] que viven en Armenia y otros lugares. Pueden presentar demandas individualmente. El gobierno armenio no puede obligarlos a comparecer ante los tribunales. ¿Verdad? Eso es todo.
El analista político Hakob Badalyan cree que comentar el acuerdo solo es posible tras revisar su texto completo. Recuerda la propuesta de Ereván de retirar a los observadores de la UE de las zonas delimitadas, señalando que las declaraciones de los funcionarios armenios crean una impresión contradictoria.
“El ministro de Asuntos Exteriores dice que los observadores abandonarán la zona fronteriza una vez completado el proceso de delimitación, mientras que el primer ministro dice que se retirarán después de la firma del acuerdo”.
Según Badalyan, al exigir la retirada de las demandas internacionales, Bakú intenta neutralizar el único ámbito en el que existe un cierto equilibrio.
Este es el único aspecto en el que Azerbaiyán no tiene ventaja. Es más, tiene motivos para preocuparse. Los argumentos jurídicos de Armenia son mucho más sólidos, especialmente si se considera todo el proceso de resolución del conflicto, no solo la guerra de 44 días y los últimos años.
Sostiene que las demandas de Azerbaiyán de modificar la Constitución de Armenia y disolver el Grupo de Minsk indican que Bakú no está dispuesto a firmar el documento.

“No descarto que, incluso después de cumplirse estas condiciones, Bakú introduzca nuevas exigencias”.
Badalyan enfatiza que el proceso de paz no depende únicamente del propio acuerdo de paz. Se están llevando a cabo conversaciones por separado sobre la delimitación de fronteras y la reapertura de las comunicaciones.
Cree que los verdaderos obstáculos para el establecimiento de la paz no residen entre Armenia y Azerbaiyán, sino a un nivel internacional más amplio. En su opinión, esta es la razón por la que Bakú ha optado por fragmentar el proceso, garantizando siempre un margen de maniobra, especialmente en lo que respecta al uso de la fuerza, sin estar sujeto a los acuerdos alcanzados en ningún ámbito específico.
“Cuestiones clave que determinan el establecimiento de la paz y su equilibrio se han omitido del acuerdo de paz. Y, al menos por ahora, siguen sin resolverse”, declaró Badalyan.
Dadas estas circunstancias, cree que el acuerdo en sí no es el factor decisivo. Por lo tanto, ni siquiera su firma puede garantizar la paz ni impedir que Azerbaiyán recurra a la fuerza.






