
Descubre los avances y retos de las negociaciones del tratado de paz entre Armenia y Azerbaiyán en 2024. Desde mediaciones internacionales hasta desacuerdos clave, un análisis detallado del proceso.
A inicios de 2024, las negociaciones entre Armenia y Azerbaiyán sobre un tratado de paz tomaron un giro inesperado. Lo que se perfilaba como un desenlace cercano a finales de 2023 comenzó a complicarse con la reanudación de amenazas y declaraciones provocativas del presidente azerbaiyano Ilham Aliyev, lo que generó un ambiente tenso en el proceso de negociación.
El 4 de enero de 2024, Armenia respondió formalmente a las propuestas de Azerbaiyán presentadas en diciembre del año anterior. Aunque hubo avances en varios puntos del borrador del tratado, también se identificaron retrocesos en acuerdos previamente alcanzados. Según funcionarios armenios, era necesario seguir trabajando en temas pendientes. Estados Unidos y otros mediadores internacionales intentaron facilitar el proceso, pero enfrentaron resistencia por parte de Bakú, que incluso rechazó la participación de Louis Bono, asesor principal para las negociaciones caucásicas.
El presidente del Comité Permanente de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional de Armenia, Sargis Khandanyan, enfatizó la importancia de la presión internacional sobre Azerbaiyán para garantizar compromisos constructivos. Sin embargo, Aliyev sostuvo que el tratado solo sería firmado si Armenia aceptaba todas las condiciones impuestas por Azerbaiyán, incluidas enmiendas a la constitución armenia.
En febrero, se celebró una reunión tripartita en Múnich con la participación del canciller Olaf Scholz, que derivó en nuevas conversaciones entre los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países en Berlín. Alemania se posicionó como un mediador activo, pero su rol fue cuestionado por sectores de la oposición armenia debido a sus estrechas relaciones con Turquía.
El presidente del parlamento armenio, Alen Simonyan, instó a Azerbaiyán a cesar las presiones sobre las negociaciones y rechazó la imposición de un “corredor” territorial, una exigencia recurrente de Bakú.
En mayo, durante las conversaciones en Almaty, ambas partes discutieron nuevamente el proyecto del tratado, pero persistieron los desacuerdos. Posteriormente, en julio, el ministro de Relaciones Exteriores de Armenia reafirmó la disposición del país a alcanzar un acuerdo basado en la Declaración de Alma-Ata de 1991, que reconoce la integridad territorial mutua. Sin embargo, Azerbaiyán introdujo nuevas condiciones previas, incluyendo la modificación de la constitución armenia y el retorno de 300.000 desplazados azerbaiyanos.

El 31 de agosto, el primer ministro armenio Nikol Pashinyan propuso firmar y ratificar los acuerdos ya alcanzados mientras se continuaban las discusiones sobre otros temas pendientes. Esta postura culminó en la firma de un primer documento que regula cuestiones de demarcación y seguridad fronteriza, considerado un avance significativo por Pashinyan. No obstante, a finales de 2024, todavía quedaban dos artículos del tratado por resolver, según confirmaron ambas partes.
Mientras tanto, Bakú mantuvo su postura de condicionar el acuerdo a la retirada de la misión de observación de la Unión Europea, cuya vigencia expira en febrero de 2025. Pashinyan sugirió limitar el alcance de la misión a zonas no demarcadas, dejando abierta la posibilidad de ajustes futuros.
El tratado de paz entre Armenia y Azerbaiyán sigue siendo un proceso en desarrollo. Aunque se han logrado avances importantes, los desacuerdos sobre puntos clave y las demandas adicionales de Bakú complican el panorama. Las negociaciones continúan bajo la mediación internacional, con la esperanza de que en 2025 se alcance un acuerdo definitivo que garantice la estabilidad y la prosperidad en la región.






