
En una carta dirigida a la diáspora armenia, el cineasta Charles Sansonetti hace un llamado para que presten atención a las reformas del actual primer ministro Nikol Pashinyan y sus ultima declaraciones, a los que considera valientes y realistas.
En una carta dirigida a la diáspora armenia, el cineasta Charles Sansonetti hace un llamado para que presten atención a las reformas del actual primer ministro Nikol Pashinyan y sus ultima declaraciones, a los que considera valientes y realistas.

Lea el discurso de Nikol Pashinyan completo. Léalo bien.
Es fundamental, especialmente en este momento. Nuestra distancia física de Armenia no debe hacernos olvidar la realidad: “hubo una revolución en Armenia y el que dirige el país hoy, ocupa un lugar que pocos le envidian”. Por la fuerza de los acontecimientos, por la deserción de oportunistas o especuladores del poder a quienes la Pequeña Armenia parecía condenada, Pashinyan se convirtió en el hombre de la situación a pesar de las burlas y críticas que sufre, especialmente en la diáspora.
El principio de la realidad se le opone todos los días. La experiencia de Ucrania debería abrir de par en par los ojos de todos los armenios del mundo. Navegar en un entorno tan hostil, hablar con obtusos interlocutores, negociar con inhumanos: esta es su rutina diaria cuando se trata de defender Armenia fuera de sus fronteras.
Pero Pashinyan sigue interactuando con conciudadanos antipáticos, incluso desilusionados y discutiendo con rivales políticos exigentes poco realistas, sin piedad por la venganza. Esta es su cruz, dando vueltas en círculos en su prado cuadrado.
Observemos el tenor de sus palabras pronunciadas ante la representación soberana del país, su parlamento. Eso sí, puede entendérselo como un mea culpa en el que asume todas las desgracias de los casi cuatro últimos años que lleva en el poder. Pero, ¿no sería más interesante creer que fue un sincero mensaje a su pueblo, algo inusual en estos jóvenes países, ex-satélites de la URSS , mostrando que alcanzando una relativa independencia? Cuando se trata de decisiones cruciales que tocan los principios de supervivencia de un país, ¿no se le debe a la gente la verdad cruda, dura y a veces insoportable? En política no todo es bueno para contarse, especialmente en democracia.
Mantener la vida es la vocación de estas almas que ocupan una tierra inhóspita, atravesada, prestada, compartida, codiciada, ocupada y violada. Es la naturaleza del lugar lo que hace a los hombres y mujeres de Armenia. Sin embargo, Armenia y los armenios se mudaron a lo largo de los siglos. Desde Anatolia, Cilicia, el Mar Negro hasta las orillas del Mediterráneo, desde las profundidades del Cáucaso, desde Tiflis hasta las montañas de Irán, desde Artsaj hasta los pies del Ararat, los armenios siempre se sintieron como en casa, sin estar realmente en ella. En realidad nunca.
¿Por qué? Porque a los hombres les encantan los limites. Los mapas, las llamadas riquezas, esas abstracciones que a los poderosos que dominan Armenia les gusta inscribir en la historia. Pero la vida, la cultura viva pertenece a quienes la detentan. Sin embargo, los armenios, en su tierra o fuera de ella, siempre prefirieron la vida. La vida o la supervivencia como estrategia.
Hoy, Pashinyan, sobre todo, nos explica que su gobierno regó de vida su país. Los resultados innegables que están a su favor, esbozan el comienzo de un futuro posible. Este camino no puede sembrar la muerte como proyecto. Debe alejarse de ella. Por supuesto, sin ingenuidad, querer la paz no significa ceder a la propia vida. ¿Quién estaría lo suficientemente loco para explorar esta posibilidad?
Sin embargo, tuvimos presidentes armenios, por no mencionar a sus predecesores, entusiastas del póquer, que fanfarronearon durante 30 años y finalmente…perdieron. Qué contraste con el lenguaje veraz de Pashinyan hacia su gente. Qué falta de tacto, ¿por qué no seguir engañando de nuevo ? Sí, hoy es el momento de que los armenios se miren al espejo. No, el espejo ya no distorsiona. Somos lo que somos, pero no mucho más y estamos mayormente solos. Somos la pequeña Armenia. ¿Quizás esta imagen es la correcta? ¿Quizás es esta la dimensión la tendríamos que haber visto durante tantos años?
Pashinyan no dice eso. Implícito quizás. Sobre todo, dice que la sociedad armenia está en construcción, que finalmente está en el proceso de emprender una reforma completa y continua. Armenia logra lo que cualquier país que supone controla su destino, que tiene el deber de construir por sí mismo, para sí mismo. Tomar el mal de raíz es dejar de sacrificar a los propios hijos bloqueando todo futuro, toda esperanza. Es dejar de creer que en otro lado todo será mejor. Es dejar de buscar en el otro cualquier excusa para sus defectos. La educación desde la primera infancia, el enriquecimiento de la juventud armenia con todos los conocimientos, la promoción y extensión del empleo de la mujer, la defensa de la salud, son las armas de vida de la Armenia del futuro.
Los muros que defenderán Armenia serán inventados por las generaciones futuras. Las armas que contaminarán a los enemigos de Armenia son las que inervarán a todos los armenios. Estas armas son la libertad de pensar, de vivir felices y en armonía. Estas armas las podemos adquirir todos los días escapando de todos los radares, de todos los embargos. Estas armas son nuestro único futuro. Gracias a Pashinyan por manejar tales armas en este ambiente hostil. Gracias por su valentía.

Sí, liderar a Armenia hoy es hacer historia o abandonarla. ¡Ya no son historias de pasillos, como esas antecámaras de Putin donde algunos de nuestros últimos presidentes, que viajaban atontados a Moscú y que eran despachados sin siquiera haber sido recibidos! Demasiados borracho… o demasiados llenos de cocaína, tú eliges. Por supuesto, esta última afirmación es completamente gratuita, pero tan plausible, desafortunadamente para nuestro país.
Dejemos de glorificar la mediocridad, creyendo que necesariamente se aloja en el enemigo. El mayor enemigo del armenio es él mismo cuando se cree fuerte y superior. Que deje que esta quimera hechice a sus rivales. Que deje la arrogancia y la brutalidad a su enemigo. Que no esté celoso de esta naturaleza cruda que lo convierte en su propio enemigo, una característica que nunca fue ni será suya.
Que Armenia apueste a tener éxito en encontrar su salvación arrastrando a otros a su paso. Que sea ejemplar. Y para ello, no basta con reconquistar el Ararat para ponerlo dentro de sus propias fronteras. Basta con saber mirarlo y desearlo; y eso ya es poseerlo.






