Rusia y Azerbaiyán: La peligrosa narrativa de culpar a Armenia por el crimen en Nagorno-Karabaj

La presión para disolver el Grupo de Minsk de la OSCE busca culpar a Armenia para eximir a Rusia y Azerbaiyán de su responsabilidad en los crímenes contra la población armenia de Nagorno-Karabaj

En el complejo y doloroso escenario que sigue a la guerra de 2023 en Nagorno-Karabaj, una nueva narrativa está tomando forma, impulsada por Rusia y Azerbaiyán: la de culpar a Armenia Esta narrativa no solo busca reescribir la historia, sino también culpar a Armenia por los crímenes cometidos contra la población armenia de la región. El objetivo es claro: disolver el Grupo de Minsk de la OSCE, un organismo creado para mediar en el conflicto, y así legitimar la violencia y la deportación forzada de cientos de miles de armenios.

Recientemente, Maria Zakharova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, y Hajizadeh, representante de Azerbaiyán, han argumentado que la existencia del Grupo de Minsk es “poco realista” dado el nuevo contexto post-2023. Zakharova incluso sugirió que Armenia y Azerbaiyán deberían solicitar conjuntamente la disolución del grupo. Sin embargo, lo que no mencionan es que esta maniobra tiene un propósito mucho más oscuro: cubrir las huellas del crimen.

El 19 de septiembre de 2023, Azerbaiyán lanzó una ofensiva militar contra la población civil armenia de Nagorno-Karabaj, en presencia del contingente ruso de mantenimiento de la paz. Este acto, que muchos han calificado como un crimen de lesa humanidad, resultó en la deportación forzada de cientos de miles de armenios. Ahora, tanto Moscú como Bakú buscan legitimar estas acciones y eximirse de responsabilidad.

Zakharova ha intentado justificar lo ocurrido afirmando que, en 2022, Armenia reconoció Nagorno-Karabaj como parte de Azerbaiyán, insinuando que esto validaba las acciones posteriores. Este argumento no solo es cínico, sino también legalmente insostenible. El reconocimiento de la integridad territorial de Azerbaiyán no otorga a este país el derecho a cometer atrocidades contra la población armenia, ni exime a Rusia de su responsabilidad como garante de la seguridad en la región.

Lo más preocupante es que Moscú y Bakú están presionando a Armenia para que participe en esta farsa. Quieren que Ereván solicite conjuntamente la disolución del Grupo de Minsk, lo que sería interpretado como un reconocimiento tácito de la legitimidad de lo ocurrido. Si Armenia cae en esta trampa, se convertirá en cómplice de la narrativa que busca culparla por los crímenes cometidos contra su propio pueblo.

Pero hay una pregunta que ni Zakharova ni Hajizadeh han respondido: ¿por qué no presentan ellos mismos una solicitud conjunta para disolver el Grupo de Minsk? La respuesta es simple: saben que la comunidad internacional no aceptaría esta medida. Ningún país responsable estaría dispuesto a avalar la deportación forzada de 150.000 personas ni a justificar un crimen de tal magnitud.

En este contexto, el silencio de la élite política de Artsaj es desconcertante. Los representantes electos de Nagorno-Karabaj tienen un mandato reconocido por la OSCE y la obligación de exigir la convocatoria del Grupo de Minsk. Su voz es crucial para evitar que Moscú y Bakú borren las huellas de sus crímenes.

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Buscan culpar a Armenia para eximir a Rusia y Azerbaiyán de su responsabilidad en los crímenes contra la población armenia de Nagorno-Karabaj

La disolución del Grupo de Minsk solo debería ocurrir después de una conferencia internacional que determine el estatus de Nagorno-Karabaj y responsabilice a los actores involucrados. De lo contrario, se estaría legitimando la violencia y la impunidad.

Armenia debe actuar con extrema cautela. Cualquier paso en falso podría ser utilizado para culparla de lo ocurrido y consolidar el nuevo statu quo impuesto por la fuerza. La comunidad internacional, por su parte, tiene la obligación de no permitir que los crímenes contra la humanidad queden impunes.

En definitiva, lo que está en juego no es solo el futuro de Nagorno-Karabaj, sino la integridad moral de la comunidad internacional. Permitir que Moscú y Bakú reescriban la historia sería una traición a los principios de justicia y humanidad que supuestamente defendemos.

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