
El Ministerio de Exteriores de Azerbaiyán introduce un giro clave en el discurso del Corredor Zanguezur. Trump marca autoridad sobre TRIPP. Putin aparece como referente simbólico. Aliyev busca margen, pero el cálculo puede ser riesgoso.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán, Ayhan Hajizadeh, afirmó que el llamado Corredor Zanguezur “no va dirigido contra la soberanía de Armenia” y que el objetivo es “crear una comunicación de tránsito sin obstáculos” entre la parte occidental del país y Najicheván. Según Bakú, ese tránsito se apoyaría en el derecho internacional y los acuerdos previos.
La novedad está en el uso del término tránsito. Durante casi cinco años, el gobierno de Ilham Aliyev presentó este proyecto como un paso interno, “de Azerbaiyán a Azerbaiyán”, evitando reconocer el rol soberano de Armenia. La admisión pública de que la ruta atraviesa territorio armenio implica una modificación política y discursiva relevante.

Hajizadeh vinculó el tránsito con el punto 9 de la declaración del 10 de noviembre de 2020, firmada por Vladimir Putin, Nikol Pashinyan e Ilham Aliyev. Esa referencia sugiere que Bakú busca anclar la legitimidad del corredor en el marco ruso postguerra.
El movimiento se interpreta como un intento de ceder a Moscú la “autoría” de la conexión territorial. En esa lógica, Estados Unidos solo quedaría a cargo de la seguridad y el tránsito en el proyecto TRIPP, mientras Rusia retendría la arquitectura geopolítica.
Este gesto se produjo un día después de la cumbre Estados Unidos–Asia Central en Washington, donde Donald Trump afirmó que Armenia y Azerbaiyán “le pusieron su nombre” al proyecto TRIPP. Esa frase implica la eliminación del concepto Corredor Zanguezur del lenguaje diplomático estadounidense.

Trump no reconoció a Aliyev como “líder regional”. La nueva alianza política entre Estados Unidos, Israel y Kazajistán debilitó la aspiración de Bakú a convertirse en actor central del mundo túrquico.
La respuesta de Azerbaiyán parece ser este “patinaje lateral zangezuriano”: un intento de reintroducir la terminología rusa, apostar a la ambigüedad y negociar el corredor como pieza en la rivalidad entre Moscú y Washington.
Pero esa maniobra puede resultar peligrosa. La ruta TRIPP se redefine en clave de cooperación y no de imposición territorial. Reforzar la lectura rusa podría aislar a Azerbaiyán en las mesas multilaterales y aumentar la dependencia de Moscú en un momento de desgaste estratégico.






