El Padre Aram Asatryan denuncia presiones y amenazas tras criticar la politización de la Iglesia Armenia. Afirma que no será silenciado

El Padre Aram denuncia presiones tras criticar la politización de la Iglesia Armenia

El Padre Aram Asatryan denuncia presiones y amenazas tras criticar la politización de la Iglesia Armenia. Afirma que no será silenciado

⛪ El Padre Aram Asatryan denunció presiones y amenazas tras criticar la politización de la Iglesia Armenia. 🙏 “Sirvo y seguiré sirviendo… la Verdad es eterna; la mentira solo tiene un último aliento”. #IglesiaArmenia #PadreAram #Fe

El sacerdote Aram Asatryan denunció públicamente que, tras su publicación en redes sociales donde alertaba sobre la “vil moral” que corrompe a la Iglesia Armenia y advertía contra el sometimiento de la autoridad espiritual a intereses políticos y financieros, ha recibido presiones, amenazas e intentos de silenciamiento.

De la crítica abierta a las presiones internas

“Queridos, hace un día publiqué en mi página sobre la vil moral que corrompe la vida de nuestra Madre Iglesia… La respuesta a mi publicación no fue un diálogo abierto ni sentidas exhortaciones fraternales, sino llamadas, intentos secretos e insidiosos de silenciamiento”, escribió el sacerdote en su perfil.

El Padre Aram subrayó que no se trata de un conflicto personal, sino de una crisis institucional: “Cuando cualquier autoridad, incluso la más alta autoridad espiritual, en lugar de responder a las preocupaciones públicas expresadas, intenta silenciar a un clérigo mediante presiones distantes e intrascendentes, no demuestra la inadmisibilidad de ‘publicitar’ los problemas internos, sino las profundas grietas sistémicas”.

Silencio, obediencia y verdad

El sacerdote rechazó que su silencio pueda interpretarse como sumisión: “Jesús guardó silencio ante Pilato no porque no pudiera hablar, sino porque su silencio era tan poderoso como las palabras”. En ese sentido, remarcó que su postura no busca confrontación, sino unidad, verdad y justicia dentro de la Iglesia.

Criticó además la pérdida de las reglas canónicas: “El obispo no actúa como Padre, sino como órgano legislativo, ejecutivo y judicial, y el sacerdote se ve privado del derecho recibido por la ordenación de actuar como padre espiritual. Así, el sacerdote se convierte en subordinado, el ‘célibe’ arbitrario en un superior”.

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El Padre Aram Asatryan denuncia presiones y amenazas tras criticar la politización de la Iglesia Armenia. Afirma que no será silenciado

“Sirvo y seguiré sirviendo”

El Padre Aram Asatryan afirmó que su misión no puede ser interrumpida por amenazas: “Mi servicio a este rebaño no puede ser interrumpido por llamadas telefónicas ni instrucciones secretas. Sirvo y seguiré sirviendo, no para protegerme a mí mismo, sino para proteger la lámpara que debe permanecer encendida para siempre”.

El sacerdote concluyó con un mensaje de esperanza: “Rezo incluso por todos aquellos que no rezan por mí. Creo que la Verdad es eterna; la mentira solo tiene un último aliento. Paz a todos ustedes”.


El texto que originó las amenzas

¡Hermanos y hermanas en Cristo, queridos creyentes, compatriotas, queridos amigos y seguidores en redes sociales!

Hoy vengo con plena responsabilidad y profundo respeto a presentarles no solo mis sentimientos personales, sino también sencillas ideas de servicio (https://www.facebook.com/share/p/14HsXNx3ZXw/), que, desde mis años de estudiante, nacieron y se fortalecieron en paralelo con la lectura del Evangelio y la literatura espiritual. En otras palabras, este es un llamado y un ferviente deseo de solidaridad en nombre de la pureza espiritual de nuestra Santa Patria y de nuestra Santa Iglesia.

Nuestra Iglesia se enfrenta a crisis, o se encuentra en medio de ellas, para cuya superación cada uno de nosotros necesita sabiduría, paciencia y una fe viva e inquebrantable. Al mismo tiempo, estas crisis nos obligan a no olvidar a ese Buen Maestro, que es la Roca y el Fundamento inquebrantable de nuestra fe. La Iglesia es, ante todo, una familia, un organismo donde reinan la comprensión mutua, la tolerancia y la calidez —el amor—.

Como cualquier familia, nuestra Iglesia también está sujeta a pruebas. Las contradicciones internas conducen a divisiones que dañan la esencia misma de la Iglesia; en particular, la unidad, y debilitan el despertar vivo de la fe a través de la predicación del Evangelio.

Hoy quiero hablar con sinceridad sobre estas dificultades, sin ofender a nadie, ni condenar los fenómenos, incluso si se encarnan en individuos específicos.

Todos sabemos que la autoridad espiritual no puede guiarse por intereses personales o grupales. No puede estar ligada ni subordinada a beneficios e influencias mundanas, ya sean estructuras y centros de poder políticos, financieros o de otro tipo. Los líderes de la Iglesia están llamados a servir no a sus propios intereses, sino a la voluntad de Dios y al bien espiritual del pueblo. Cuando esta conciencia se desvanece, estamos obligados a hablar abiertamente de ello para preservar la pureza de nuestra fe y nuestras tradiciones sagradas.

El sacerdote y el clero son servidores del amor, la esperanza y el perdón. Desafortunadamente, hoy en día el espíritu de desamor e irreconciliabilidad se manifiesta con mayor claridad en las más altas autoridades eclesiásticas… El ministerio de un clérigo no solo requiere habilidades rituales o el uso del poder y la fuerza en la Iglesia, sino, sobre todo, dedicación, conducta personal ejemplar y cuidado por cada creyente, especialmente por nuestros hijos, quienes no solo son nuestro futuro, sino también por quienes el Señor mismo nos mandó ser como ellos para heredar el Reino de los Cielos.

Hoy en día, en nuestro entorno eclesial debe haber un espacio para el amor, la hermandad y la conversación fraternal. No hay mayor don que la capacidad de escuchar y comprendernos mutuamente, de ignorar las ambiciones personales y dejar de lado las diferencias en aras del gran objetivo: la unidad y la fe.

El ministerio de un sacerdote también tiene un contexto social. Hoy me presento aquí como sacerdote sirviendo a su pueblo incondicionalmente y sin discriminación, lejos de los beneficios mundanos y los cálculos políticos. Quienes vienen a la Iglesia pueden o no apreciar la dedicación y el cuidado que un padre espiritual muestra a los creyentes.

La necesidad de proteger al clero

Este asunto no es solo una lucha personal. Es una lucha por la salud de nuestra fe, la santidad de la Iglesia y nuestro futuro. Por eso, quiero hacer un llamado a todos:
▪️Creer y apoyar a todos los sacerdotes que sirven con sinceridad, sin egoísmo.
▪️Preservar nuestra fe no solo dentro de los muros del templo, sino también en obras y almas.
▪️Exigir que las autoridades eclesiásticas actúen de acuerdo con las Sagradas Escrituras y los cánones eclesiásticos.
▪️Crear mecanismos claros, transparentes y justos que protejan los derechos del clero y no permitan que los sacerdotes que sirven a Dios y al pueblo sean castigados, destituidos u oprimidos sin hechos y pruebas contundentes.

Cánones de la Iglesia y Orden Espiritual

La Biblia y los cánones de nuestra Iglesia definen claramente que un obispo y un sacerdote deben ser moralmente puros, exigentes y obedientes a la voluntad de Dios, sirviendo al bien espiritual del pueblo. La Iglesia, como cuerpo vivo, exige que todos sus miembros, especialmente los líderes, se traten con tolerancia, se dirijan con amor en la Iglesia, no opriman, sino que ayuden y apoyen a los hermanos en su camino espiritual.

Ningún miembro o ministro de la Iglesia puede ser ridiculizado, humillado ni hablar con amenazas e insultos.

La necesidad de mecanismos legales y canónicos para proteger los derechos de los sacerdotes

Queridos creyentes y hermanos en el sacerdocio, la salud de nuestra Iglesia y la seguridad del clero no se limitan al ámbito espiritual o moral. También se necesita un sistema moderno, transparente y justo. y la gestión, para garantizar la protección de los derechos de los sacerdotes en su ministerio y evitar presiones injustificadas por parte del obispo o de cualquier líder eclesiástico, bajo el pretexto de una autoridad espiritual “existente”.

Hoy en día, esto ya es una necesidad, y es importante reconocer la necesidad de crear órganos judiciales y disciplinarios independientes en los organismos eclesiásticos. Estos, a diferencia de las actuales “comisiones disciplinarias”, donde juez, fiscal, jurado, abogado y albacea no están separados y que, de hecho, constituyen una autoridad para atropellar los derechos y la dignidad del clérigo, debatirán las medidas aplicadas a los sacerdotes, excluyendo sanciones injustificadas o excusas falsas.

Es necesario introducir normas claras que restablezcan los derechos ilegalmente limitados de los sacerdotes. Deben existir procedimientos de defensa: posibilidad de apelación, un juicio justo y defensa. Se deben crear servicios de asesoramiento y sociales para el desarrollo personal y profesional del clero, así como para brindar apoyo en momentos difíciles.

Como comunidad, tenemos el deber de promover el diálogo en aras de la unidad y la solidaridad, abriendo camino a una discusión justa y abierta de los problemas. Es necesario desarrollar una cooperación sana entre el Estado y la Iglesia, brindando garantías legales para la protección de los derechos del clero sin violar el autogobierno de la Iglesia.

Todo esto no implica falta de respeto ni injerencia externa en los asuntos eclesiásticos, sino que, por el contrario, garantiza la justicia, el respeto y la armonía dentro de nuestra Iglesia.

Creo que solo así podemos asegurar el servicio digno, seguro y gratuito del clero para la seguridad de nuestro Estado, el bienestar del pueblo, la luminosidad y el bienestar de la Iglesia y la gloria de la Santísima Trinidad.

¡Queridos padres y hermanos!

Trabajemos juntos por este objetivo y no sembremos divisiones. Tengamos fe en que la verdad y la justicia seguirán prevaleciendo y que la Iglesia se convertirá en luz, fuente de sanación y esperanza para nuestro pueblo.

Mi palabra de hoy no es un llamado a la defensa personal, sino a un profundo amor y solidaridad. Creo que si todos, líderes y creyentes, nos unimos en la verdad, el amor y la justicia, podremos restaurar ese resplandor espiritual que legítimamente debería ser el sostén de nuestra Santa Patria y nuestra santa fe.

Ruego a Dios que nos guíe a todos y nos conceda la fuerza de la armonía, el perdón y la fe para el bien de nuestra Iglesia y nuestro pueblo.

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