
Georgia podría declarar la ortodoxia como religión de estado, pero el Patriarcado se opone debido a preocupaciones sobre la pérdida de independencia de la Iglesia frente al gobierno.
El partido político “Sueño Georgiano” ha propuesto una controvertida iniciativa para declarar la ortodoxia como la religión oficial de estado en Georgia, según informa el canal de televisión de oposición Fórmula. La medida, presentada bajo la bandera de proteger los “valores tradicionales”, podría ser anunciada oficialmente en aproximadamente un mes.
A pesar de la importancia histórica de la Iglesia Ortodoxa Georgiana, el Patriarcado de Georgia se ha mostrado contrario a la propuesta. En una reciente reunión celebrada el 26 de agosto, a la que asistieron altos jerarcas del Gobierno, no se alcanzó un consenso. El Patriarca Ilia II expresó que el actual contexto político y social no es el adecuado para tal declaración, citando preocupaciones sobre la posible pérdida de independencia de la Iglesia en cuestiones financieras y de gestión patrimonial.
Según el Patriarcado, si la ortodoxia se convierte en la religión estatal, el gobierno podría obtener influencia sobre el nombramiento de jerarcas y otras decisiones internas de la Iglesia, comprometiendo su autonomía, que actualmente está protegida bajo el Artículo 9 de la Constitución de Georgia.

Como informara SoyArmenio, desde 2002, las relaciones entre el Estado y la Iglesia en Georgia están reguladas por un concordato que otorga a la Iglesia Ortodoxa Georgiana una serie de privilegios legales, incluyendo derechos sobre la propiedad e importantes subvenciones del estado. En 2024, la Iglesia recibió 35 millones de lari adicionales para proyectos educativos, además de los 30 millones de lari que recibe anualmente del presupuesto estatal.
El temor a que la Iglesia pierda su independencia frente al estado es una de las principales razones de la oposición del Patriarcado. Según fuentes del Patriarcado, la influencia gubernamental podría extenderse a la aprobación de candidatos a altos cargos eclesiásticos, lo que cambiaría significativamente la dinámica de poder dentro de la Iglesia.






