
Armenia y Georgia muestran un aumento en el optimismo, pero con diferencias clave. Mientras Armenia vivió un cambio radical tras la Revolución de Terciopelo, Georgia avanza de forma gradual.
Tras una década de transformaciones políticas y sociales, Armenia y Georgia muestran un creciente optimismo, aunque con diferencias clave, asegura encuesta de Barómetro del Cáucaso. Mientras Armenia experimentó un cambio radical tras la Revolución de Terciopelo, Georgia ha mantenido una evolución más gradual, con avances concentrados en zonas urbanas y entre la población empleada.

En 2018, Armenia vivió un momento histórico con la Revolución de Terciopelo, un movimiento pacífico que llevó al poder al actual primer ministro, Nikol Pashinyan. Este cambio político generó un auge de esperanza en la sociedad armenia. Según el Barómetro del Cáucaso, en 2017 solo el 46% de los armenios creía que el país mejoraría, pero para 2019, esa cifra se disparó al 80%.
Sin embargo, el optimismo no se distribuyó de manera uniforme. “Los hombres y las personas entre 35 y 54 años fueron los que más perdieron confianza con el tiempo”, señalan los datos. Además, Ereván, la capital, registró un descenso en la percepción positiva entre 2021 y 2024, a diferencia de otras regiones, donde las actitudes se mantuvieron estables.
Mientras Armenia vivía una revolución, Georgia ya mostraba niveles más altos de optimismo. En 2017, el 68% de los georgianos veía con buenos ojos el futuro del país, y para 2024, esa cifra aumentó al 75%, igualando a Armenia.
Pero aquí las diferencias son notables: Las ciudades, especialmente Tiflis, lideran el aumento de confianza. Los empleados son mucho más optimistas (82%) que los desempleados (70%) y la educación superior también influye: quienes tienen estudios universitarios son más positivos.
“En Georgia, el progreso es visible, pero no llega a todos por igual”, explica un analista político. Las zonas rurales siguen mostrando escepticismo, aunque en las áreas urbanas no capitalinas el optimismo creció 19 puntos entre 2021 y 2024.

Como informara SoyArmenio, los expertos señalan que en Armenia, el cambio político repentino generó una ola de esperanza, pero con el tiempo, algunos sectores se desilusionaron. En cambio en Georgia, el crecimiento económico y las reformas graduales han fortalecido la confianza, aunque persisten desigualdades.
“Armenia tuvo un shock de optimismo; Georgia, una acumulación”, resume un informe del Barómetro del Cáucaso.
Aunque los niveles de optimismo hoy son similares, las trayectorias de Armenia y Georgia son distintas. Mientras los armenios vivieron un momento revolucionario que transformó su perspectiva, los georgianos avanzan con pasos firmes pero desiguales.
¿Se mantendrá esta tendencia? Dependerá de cómo ambos países manejen sus desafíos económicos y políticos en los próximos años.






