
🚨 Tras el asesinato de Charlie Kirk, EE.UU. vive una caza de brujas digital. Despidos, doxing y censura recuerdan al macartismo de los 50. ¿Un nuevo golpe a la libertad de expresión? 🇺🇸🔥
El asesinato del activista ultraderechista Charlie Kirk desencadenó en Estados Unidos una campaña de persecución política que recuerda al macartismo de los años 50. Quienes critican a Kirk o hacen comentarios considerados insensibles son objeto de amenazas, despidos y exposición pública.
Profesores, periodistas y hasta el presentador Jimmy Kimmel perdieron sus empleos tras cuestionar la figura de Kirk. Un portal titulado Expose Charlie’s Murderers llegó a publicar direcciones y empleadores de críticos antes de ser cerrado. El vicepresidente JD Vance alentó a los seguidores a “llamarlos por su nombre, incluso a su empleador”.
El término macartismo proviene del senador Joseph McCarthy, quien en los años 50 lideró una caza de brujas contra supuestos comunistas. Miles de funcionarios y artistas fueron investigados, despedidos o incluidos en listas negras. También se persiguió a la comunidad LGBTQI+, en un fenómeno paralelo conocido como la Lavender Scare.
En aquella época, el miedo a ser señalado enfrió el debate público en EE.UU. “Son capítulos de nuestra historia que no podemos permitir que se repitan”, reconoció años después el Senado estadounidense.

El artículo advierte que la administración Donald Trump impulsa una versión moderna de esa persecución, acelerada por las redes sociales. La presión no solo afecta a críticos del gobierno, sino también a universidades, empresas y medios que mantuvieron programas de diversidad e inclusión.
Mientras tanto, la reacción al asesinato de la legisladora demócrata Melissa Hortman no generó la misma condena en sectores conservadores, revelando un doble estándar.
Los expertos recuerdan que, como en los años 50, la equiparación de disenso con deslealtad amenaza el debate democrático. La famosa frase dirigida a McCarthy en 1954 —“¿No tiene usted sentido de la decencia?”— resuena hoy como advertencia.
“El futuro dependerá de la capacidad de la sociedad de resistir este nuevo macartismo y defender la disidencia como salvaguarda de la democracia”, concluyen los autores.






