
🇷🇺💥 Rusia pone en venta el 49% de la central nuclear de Akkuyu en Turquía. Falta de fondos y miedo a sanciones llevan a Rosatom a buscar inversores. Ankara tiene la última palabra. ¿Otro síntoma del debilitamiento ruso?
La compañía estatal rusa Rosatom confirmó que mantiene conversaciones activas para vender el 49% de la central nuclear de Akkuyu, el ambicioso proyecto energético que construye en la costa mediterránea de Turquía, específicamente en la provincia de Mersin. Según informó la agencia TASS, las negociaciones involucran a inversores turcos y extranjeros, pero cualquier acuerdo requerirá el visto bueno del gobierno turco, en línea con lo estipulado por el acuerdo intergubernamental firmado entre Moscú y Ankara en 2010.
“Estamos discutiendo el tema de la posible participación con una serie de socios”, confirmaron desde Rosatom, y subrayaron que la decisión final debe contar con la aprobación obligatoria de la parte turca.
La planta de Akkuyu, con una capacidad de 4,8 GW, se proyecta como el primer reactor nuclear operativo de Turquía y es uno de los mayores proyectos energéticos conjuntos entre Ankara y Moscú. Sin embargo, en palabras del presidente de la junta de Akkuyu Nuclear, Anton Dedusenko, el proyecto ha sufrido dificultades financieras, sobre todo debido a las reticencias de la banca internacional por el riesgo de ser objeto de sanciones secundarias de Estados Unidos.
Según fuentes de Bloomberg, la participación en venta estaría valorada en unos 25.000 millones de dólares, y las opciones incluyen acuerdos alternativos de intercambio energético, como suministros de gas natural a cambio de inversión directa.
La presión para cerrar acuerdos es creciente, ya que se espera que la primera unidad comience a operar en 2026, y según Dedusenko, “cuanto más cerca esté el lanzamiento de la primera central eléctrica, mayor será el interés de los inversores”.

Esta no es la primera vez que Rusia intenta desinvertir parcialmente en Akkuyu. En 2018, la empresa turca Cengiz-Kolin-Kalyon se retiró del acuerdo por desacuerdos comerciales, frustrando un intento similar. Ahora, el escenario internacional es aún más volátil: las sanciones impuestas a Moscú tras la invasión de Ucrania, sumadas a su deteriorada relación con Occidente, convierten a Akkuyu en un campo minado financiero y político.
Además, la creciente dependencia energética de Turquía respecto a Rusia, ya evidenciada por los acuerdos en gas y petróleo, podría generar fricciones internas si Ankara percibe que este acuerdo vulnera su soberanía energética o lo posiciona como un blanco potencial de represalias internacionales.
Desde una perspectiva regional, la desinversión parcial rusa en Akkuyu podría ser leída como un síntoma de debilitamiento del margen de maniobra de Moscú, justo cuando enfrenta tensiones abiertas con Azerbaiyán, una erosión de su influencia en Armenia y crecientes signos de fractura en su política interna, como lo evidencian recientes arrestos cruzados con Bakú.
Para Armenia, el giro en Akkuyu podría reforzar la tesis del distanciamiento paulatino entre Rusia y Turquía, o al menos mostrar que Moscú ya no puede sostener de forma unilateral proyectos de gran escala en un entorno financiero adverso. También podría abrir una puerta a que empresas europeas o asiáticas entren en un proyecto que Rusia consideraba estratégico.






