
La guerra entre Irán e Israel entra en su décimo día sin tregua a la vista. Mientras las partes aseguran que sus blancos son infraestructuras militares y nucleares, los informes de la prensa internacional dan cuenta de víctimas civiles, incendios en zonas urbanas y un clima de incertidumbre que crece por horas.
El Ministerio de Salud iraní informó oficialmente que 430 personas han muerto en Irán desde el inicio de la escalada el pasado 13 de junio. Entre las víctimas figuran altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), científicos nucleares y numerosos civiles. La cifra de heridos supera los 3.500, en lo que constituye el balance más grave reconocido hasta ahora por Teherán.
En el ataque más reciente, Israel eliminó a Behnam Shahriyar, un comandante de la Guardia Revolucionaria que, según el gobierno israelí, coordinaba el suministro de armas a milicias proiraníes como Hamás, Hezbolá y los hutíes. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, lo calificó como una “acción quirúrgica” llevada a cabo en su propia residencia.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, justificó la ofensiva afirmando que Israel enfrenta una amenaza existencial:
“Irán no debe tener armas nucleares, ese es el objetivo de las acciones de Israel”.
En paralelo, Irán lanzó misiles balísticos contra el Aeropuerto Ben Gurión y otros centros militares israelíes, según informó el CGRI. Mientras tanto, Tel Aviv amaneció con sirenas antiaéreas tras un ataque con cohetes que provocó un incendio en un edificio residencial.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, descartó cualquier regreso a las negociaciones nucleares mientras persistan los ataques israelíes.
“Cuando hay una guerra, ambos bandos se atacan. La legítima defensa es un derecho legítimo de todo país”, declaró a NBC.
Un alto funcionario iraní citado por Reuters reveló que Irán estaba dispuesto a discutir límites al enriquecimiento de uranio, pero no contempla abandonar su programa nuclear:
“Especialmente bajo fuego israelí, no hay espacio para concesiones totales”, dijo la fuente.
El 20 de junio, Araghchi viajó a Ginebra para reunirse con los ministros de Exteriores de Francia, Reino Unido y Alemania, pero la ronda concluyó sin avances sustantivos. Las partes europeas reiteraron la necesidad de “evitar nuevas provocaciones” y urgieron una solución diplomática inmediata que impida a Irán desarrollar armas nucleares.
Desde Washington, el presidente Donald Trump afirmó que decidirá en dos semanas si EE. UU. se une al conflicto, una declaración que eleva aún más la tensión geopolítica.
Israel ha informado de ataques a docenas de objetivos militares iraníes, incluyendo el Centro de Investigación de Armas Nucleares de Teherán y complejos en Isfahán, donde se desplegaron defensas aéreas para proteger las instalaciones. Las autoridades iraníes aseguraron que no se produjo ninguna fuga de materiales radiactivos, aunque persiste el temor a un desastre ambiental.
La prolongación del conflicto —y su escalada a centros urbanos— cuestiona las afirmaciones iniciales de que se trataba de ataques quirúrgicos exclusivamente militares. Ambos bandos buscan infligir daños estratégicos mientras el frente diplomático colapsa. La guerra entra así en una fase peligrosa, donde la lógica de represalias mutuas supera cualquier horizonte negociador.
Y aunque Irán insiste en que su programa nuclear tiene fines “pacíficos y civiles”, Israel continúa con ataques destinados a “neutralizar la amenaza”. Entre tanto, la comunidad internacional permanece dividida y sin herramientas efectivas para detener la escalada.






