
Alemania apuesta por el gas natural de Azerbaiyán: contrato de 10 años con SOCAR asegura hasta 1,5 bcm anuales para SEFE. ¿Energía segura o dependencia riesgosa?
En un movimiento clave para su estrategia de diversificación energética, Alemania ha firmado un contrato de 10 años con Azerbaiyán para el suministro de gas natural, según confirmaron medios estatales de ambos países. El acuerdo, rubricado entre la empresa azerbaiyana SOCAR y la alemana SEFE (Secure Energy for Europe), contempla el envío progresivo de hasta 1,5 mil millones de metros cúbicos (bcm) anuales a partir de 2025.
La empresa SEFE, nacionalizada por el gobierno alemán en 2022 tras la invasión rusa a Ucrania, celebró el acuerdo como un paso hacia una mayor seguridad energética y diversificación de fuentes. “Estamos estableciendo una nueva ruta para importantes volúmenes de gas para llegar a Europa”, declaró su CEO, Egbert Laege.
Desde Bakú, el presidente de SOCAR, Rovshan Najaf, afirmó que el contrato “contribuirá a los objetivos de crecimiento sostenible de Europa y a su seguridad energética”.
Este nuevo compromiso se inscribe en un contexto geopolítico delicado. Tras cortar drásticamente su dependencia del gas ruso, Berlín busca proveedores alternativos, y Azerbaiyán se ha posicionado como uno de ellos. No obstante, organizaciones de derechos humanos y medios independientes han criticado el acercamiento europeo a Bakú, cuestionando el silencio ante la represión política y el autoritarismo del régimen de Ilham Aliyev.
“Este contrato es también una expresión de confianza política en Azerbaiyán como proveedor estable de energía”, opinó el analista energético Ilham Shaban en declaraciones a OC Media, quien añadió que la falta de contratos a largo plazo tras el proyecto Shah Deniz 2 hacía que este acuerdo fuera especialmente significativo para Bakú.

Aunque el contrato contempla el suministro mediante infraestructura de gasoductos, no está claro si el gas llegará directamente a Alemania a través de la red de gas europea. SEFE tiene activos en diversos países, y parte del gas podría ser transformado en electricidad localmente antes de ser distribuido a sus 50.000 clientes, como explicó Shaban.
Este tipo de operación ha despertado sospechas de que parte del gas ruso podría estar siendo “re-etiquetado” como azerbaiyano, algo que preocupa tanto a analistas como a eurodiputados que han solicitado mayor transparencia sobre el origen del gas importado desde el sur del Cáucaso.
Creada tras la nacionalización de las filiales alemanas de Gazprom, SEFE busca reorientarse hacia un modelo más sostenible y descentralizado antes de su privatización en 2028. Según Bloomberg, SEFE controla casi una octava parte del mercado del gas en Europa Occidental, lo que convierte este acuerdo en un movimiento estratégico con posibles implicaciones para todo el continente.
La Unión Europea ha sido duramente criticada por mantener estrechos vínculos energéticos con Azerbaiyán, incluso mientras el gobierno de Aliyev sofoca la disidencia interna y reprime a activistas, periodistas y opositores. En este contexto, el nuevo contrato con Berlín representa tanto una oportunidad económica como un desafío ético para ambas partes.






