
Durante la Marcha de las Antorchas en Ereván, se quemaron banderas de Turquía y Azerbaiyán, provocando condenas del gobierno armenio y de Bakú y una gran controversia.
La víspera del 110º aniversario del Genocidio Armenio, una de las conmemoraciones más significativas para el pueblo armenio, se vio marcada por la quema de las banderas de Turquía y Azerbaiyán en la Plaza de la República de Ereván, durante la tradicional Marcha de las Antorchas. Este acto simbólico, realizado por un grupo de participantes, ha generado condenas tanto internas como internacionales, y reabre el debate sobre los límites de la expresión política en contextos de memoria histórica.
Desde hace décadas, la Marcha de las Antorchas reúne a miles de ciudadanos que caminan por el centro de Ereván hacia el complejo memorial de Tsitsernakaberd, llevando antorchas, banderas de Armenia y de Artsaj (Nagorno-Karabaj), y carteles con los nombres de las antiguas provincias armenias del Imperio Otomano. Este año, sin embargo, la participación fue más reducida —alrededor de 3.500 personas— y el acto fue marcado por un gesto controvertido: la quema pública de banderas.
Según los organizadores, esta acción pretendía simbolizar la resistencia histórica frente al exterminio perpetrado por el Imperio Otomano y, en tiempos contemporáneos, las políticas hostiles de Azerbaiyán hacia Armenia y los armenios de Karabaj.
El primer ministro Nikol Pashinyan calificó la quema de banderas como un gesto “provocador e inaceptable”, subrayando que contradice los esfuerzos actuales de Armenia por alcanzar una paz duradera en el Cáucaso Sur. Una posición similar expresó el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Parlamento, Sargis Khandanyan, quien declaró:
“Quemar una bandera es un signo de debilidad. Si en algún momento quemaron la bandera rusa, eso también lo condeno”.
Khandanyan recordó su propia experiencia personal:
“Tenía 17 años y quería ir a la marcha. Cuando quemaron la bandera en la plaza, me fui. Me pareció una señal de impotencia. Si tienes un problema con ese país, busca resolverlo, no lo avives con actos que tensan más la situación”.
También hizo hincapié en que este tipo de actos podrían ser contraproducentes en un momento en que Armenia busca soluciones diplomáticas, especialmente tras los disparos registrados recientemente en la región de Syunik, que causaron preocupación por la seguridad de la población civil fronteriza.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán emitió un comunicado condenando lo ocurrido en Ereván y París, donde también se reportó la quema de banderas. Bakú exigió que tanto los gobiernos de Armenia como de Francia responsabilicen a los autores de estos actos y tomen medidas para impedir futuras manifestaciones que, según ellos, representan un “odio profundamente arraigado por motivos étnicos”.
Sin embargo, analistas y medios armenios han criticado la postura del gobierno azerbaiyano, señalando que el propio presidente Ilham Aliyev ha sido fotografiado en numerosas ocasiones pisando la bandera de Nagorno-Karabaj y otros símbolos armenios. En una imagen ampliamente difundida, tanto Aliyev como su esposa aparecen posando sobre una señal de tránsito en idioma armenio mientras el mandatario muestra el símbolo de los lobos grises, grupo ultranacionalista turco vinculado a actos violentos.
Como informara SoyArmenio.com, para muchos armenios, quemar las banderas de Turquía y Azerbaiyán durante la jornada de recuerdo es un acto de protesta política contra naciones percibidas como agresoras históricas y actuales. No obstante, el creciente rechazo social y político a este tipo de manifestaciones sugiere una transformación en el discurso nacional, que intenta equilibrar el reclamo histórico con una agenda política basada en la estabilidad y la paz regional.
“Llegará un momento en que tengamos que hablar de ello, y no creo que la mayoría de los ciudadanos armenios estén entusiasmados con esa escena”, concluyó Khandanyan.






