
Las tensiones entre Armenia y la OTSC se intensifican mientras Moscú lanza su “último tiro de advertencia” a Pashinyan. ¿Qué implicaciones tiene esto para la estabilidad en el Cáucaso?
En los últimos días, Moscú intensificó su presión sobre Armenia, enviando lo que parece ser un último “tiro de advertencia” al gobierno de Nikol Pashinyan. Las tensiones entre Armenia y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) llegaron a un “punto de irreversibilidad”, según lo expresado por el propio Pashinyan, mientras que el Kremlin continúa con una campaña de propaganda destinada a desestabilizar el gobierno armenio y reafirmar su influencia en el Cáucaso.
El reciente comentario de Nikita Medvedchuk, representante de Regnum, deja clara la posición del Kremlin: “La OTSC no es una amenaza para Armenia, sino para el gobierno de Pashinyan”. Este comentario se produce en respuesta a la creciente frustración de Ereván con la falta de intervención de la OTSC en los conflictos territoriales entre Armenia y Azerbaiyán, particularmente en las regiones de Gegharkunik y Syunik.
La narrativa oficial que emana de los medios rusos sostiene que Rusia es el único garante de la independencia y seguridad de Armenia, pero que no puede cumplir con esta función debido a que el gobierno de Pashinyan está alineado con intereses occidentales. Este tipo de retórica apunta a generar descontento entre la población armenia hacia su propio gobierno, sugiriendo que una posible “nueva guerra” entre Armenia, Turquía, y Azerbaiyán solo sería evitada gracias a la intervención de Rusia.
La propaganda rusa que intenta justificar la inacción de la OTSC y el Kremlin en los recientes enfrentamientos entre Armenia y Azerbaiyán descansa en que no está claro las fronteras entre dichos países. Moscú dijo que no envió tropas a los “territorios en disputa” porque Pashinyan los reconoció como tales y además no puso al país en guerra durante la invasión azerbaiyana. Este argumento es el mismo que luego que usaría, tanto en la guerra en Nagorno-Karabaj como en los conflictos actuales en sus fronteras.
Pero mientras Moscú dice que quiere discutir los argumentos de Armenia, Rusia prioriza su relación con Azerbaiyán, llamándolo incluso “socio estratégico” y aprobado venta de sistemas antitanques “Kornet” a Bakú desde principios de este año.

Este último movimiento de Rusia puede ser percibido como un intento de advertir a Armenia de que, si no se alinea con las políticas del Kremlin, podría enfrentarse a otra guerra.
Así el “último tiro de advertencia” de Moscú a Armenia refleja la compleja relación entre ambos países, marcada por la desconfianza y la injerencia. Mientras Rusia sigue tratando de consolidar su influencia en el Cáucaso, el gobierno de Pashinyan busca alternativas más alineadas con Occidente, lo que podría provocar una mayor escalada de tensiones en los próximos meses.






