
🔥 Sargsyan y Demirchyan asesinados, Kocharyan consolidó poder. El 27 de octubre de 1999 definió la política armenia. #PolíticaArmenia #27Octubre
Hace 26 años, Armenia vivió uno de los episodios más oscuros de su historia moderna. Cinco hombres armados, liderados por Nairi Unanyan, irrumpieron en el parlamento armenio y dispararon a quemarropa contra los líderes del país. En minutos, el primer ministro Vazgen Sargsyan, el presidente del parlamento Karen Demirchyan, sus adjuntos Yuri Bakhshyan y Ruben Miroyan, el ministro Leonard Petrosyan y tres diputados perdieron la vida. Treinta personas resultaron heridas en un ataque que dejó al parlamento como rehén y al país en shock.
Aunque los perpetradores fueron condenados a cadena perpetua, la historia completa se desarrolló fuera de las cámaras. Robert Kocharyan, entonces presidente, se convirtió en el principal beneficiario político. La eliminación de Sargsyan y Demirchyan abrió el camino para consolidar su poder personal, subordinar al parlamento y transformar la Asamblea Nacional en una institución funcional solo para aprobar decisiones del ejecutivo.
El papel de los dashnaks también resultó crucial. Unanyan fue presentado como su producto, y su participación permitió al partido integrarse sin remordimientos en el nuevo sistema, ganando influencia y fragmentos de poder a cambio de complicidad.

“El 27 de octubre no fue un atentado ni un motín, sino una eliminación calculada de la alternativa política”, apunta el análisis histórico.
Serzh Sargsyan, más tarde presidente, aprovechó la oportunidad para heredar el capital político de Sargsyan, consolidando una red de poder que combinaba el clan de Karabaj con los aliados dashnaks, formando un sistema mafioso bajo la fachada de Estado.
El atentado marcó el inicio de décadas de dependencia de Moscú, frustró negociaciones sobre Artsaj/Nagorno-Karabaj y envió un mensaje claro: en Armenia, la política se decide con armas, no con leyes. La alternativa democrática que Sargsyan y Demirchyan representaban fue destruida, y el país quedó atrapado en un ciclo de miedo, corrupción y subordinación externa.
Hoy, al recordar el 27 de octubre, la nación revive no solo el dolor de la pérdida, sino también la oportunidad truncada de una Armenia con una democracia independiente y un futuro soberano.






