
Descubre cómo las "Manos de amistad" de Ereván unen a Cuba, Italia y Armenia. Una historia de dictaduras, revoluciones y arte tallado en mármol de Carrara.
En el corazón de Ereván, cerca de la estación de metro Yeritasardakan, se alzan las emblemáticas “Manos de amistad”, una escultura de mármol blanco que simboliza la conexión entre culturas. Pero detrás de su apariencia serena se esconde una historia que atraviesa dictaduras, revoluciones y promesas divinas, vinculando a Cuba, Italia y Armenia.

La historia comienza en los años 50 en Cuba, bajo el régimen del dictador Fulgencio Batista. El 13 de septiembre de 1950, un intento de asesinato contra Batista frente a su esposa, Marta Batista, desencadenó un juramento divino. Aterrorizada, Marta prometió erigir una estatua de Jesús “como la de Río de Janeiro” si su esposo sobrevivía. Batista escapó, y Marta cumplió su promesa encargando una colosal escultura de Cristo Redentor para La Habana.
La obra fue asignada a la escultora Jilma Madera, quien diseñó una figura de 20 metros con rasgos caribeños. Tallada en mármol de Carrara (Italia), la estatua llegó a Cuba en 1958, justo antes de que Fidel Castro derrocara a Batista. Irónicamente, el Cristo destinado a glorificar al dictador se convirtió en un símbolo de la Revolución Cubana.
El mármol utilizado para el Cristo de La Habana provenía de las famosas canteras de Carrara, ciudad italiana con lazos históricos con Armenia. En 1962, durante la inauguración de un palacio público en Carrara, el alcalde Filippo Martinelli decidió fortalecer la hermandad con Ereván. Como gesto, envió a Armenia dos gigantescas manos de mármol, copias de las del Cristo cubano, talladas por Jilma Madera en honor al artesano Ottavio del Amico.
En 1965, las manos llegaron a Ereván y fueron reinterpretadas por el escultor Ara Harutyunyan. Instaladas en el parque circular de la ciudad, se convirtieron en las “Manos de amistad”, un símbolo de conexión cultural.

Las manos no fueron el único intercambio. Como respuesta, Ereván obsequió a Carrara la fuente “Árbol de la Vida”, diseñada por el arquitecto Rafael Israelyan y Ara Harutyunyan. Custodiada por dos carneros, la fuente representaba el deseo de una amistad “eterna como el agua”. Este diálogo artístico fue posible gracias a figuras como Armen Zaryan y su hermana Nvard Zaryan, quienes fortalecieron los lazos armenio-italianos.
La historia de las “Manos de la Amistad” es un claro ejemplo de cómo el arte y la cultura pueden servir como puente entre naciones. Este monumento no solo recuerda la historia compartida entre Italia, Cuba y Armenia, sino que también refuerza el mensaje de que a través del diálogo y el intercambio cultural es posible construir un futuro de paz y cooperación.

El proyecto también resalta la importancia de la preservación del patrimonio cultural y del idioma armenio, ya que en cada una de sus líneas y detalles se plasma la historia y la identidad del pueblo armenio, conectándolo con sus raíces y con el mundo.
Fuentes:






