
Elliot Brandt revela cómo el lobby israelí influye en las decisiones clave de EE.UU., mientras el lobby armenio carece de una estrategia efectiva. ¿Qué deben hacer ANCA y las organizaciones armenias para ganar relevancia?
Una reciente filtración publicada por el medio estadounidense The Grayzone y difundida por la agencia turca Anadolu molestó los círculos diplomáticos y académicos armenios. En ella, Elliot Brandt, director ejecutivo del poderoso Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC), reconoce abiertamente la profunda influencia del lobby israelí sobre las altas esferas de seguridad y política exterior de Estados Unidos, mientras se pregunta dónde está el lobby armenio en este tablero de poder.
En su intervención durante una sesión a puerta cerrada del AIPAC, cuya grabación fue obtenida por The Grayzone, Brandt afirma que figuras como el director de la CIA, John Ratcliffe, el secretario de Estado Marco Rubio, y el asesor de seguridad nacional Walz son considerados “protectores de los intereses de Israel”.
Además, señaló que la colocación de estos funcionarios en posiciones clave fue posible gracias a las campañas financiadas por donantes pro-Israel. “Gracias a nuestro trabajo en el Congreso, la Casa Blanca se verá obligada a ser sensible en los temas que importan a Israel”, sostuvo Brandt, dejando claro que el lobby israelí no solo informa, sino que condiciona la política estadounidense.
La filtración encendió el debate en círculos de Armenia: ¿Cuál es la estrategia de las organizaciones armenias en países clave como Estados Unidos? ¿Qué hace ANCA y UGAB ante los organismos internacionales, en los centros de investigación o en el Congreso estadounidense?
¿Porqué les llevó mas de 100 años en que se reconozca el genocidio armenio? ¿Dónde están los políticos, diplomáticos o funcionarios de etnia armenia que promocionaron durante décadas en los Estados Unidos?
El periodista y exdiputado Vahram Atanesyan plantea una crítica frontal: “¿Qué volumen y calidad de información está generando Armenia que mañana podría servir de base para decisiones políticas mediante inteligencia artificial?”
La pregunta no es trivial: según Brandt, la IA es utilizada por el Congreso de EE.UU. y otros organismos mundiales para tomar decisiones, basadas en la información pública, incluidos estudios académicos y notas periodísticas.
Y en este ese escenario, la narrativa armenia corre el riesgo de desaparecer del radar global: además de escasa, es mediocre y con tintes revanchistas, sumado al hecho que las organizaciones de la diáspora son eminentemente partidistas, religiosas y anti estatales mientras no están en el poder.
Hoy la historia armenia, su país, gobierno y su relación regional es escasa y nula, mientras el genocidio armenio, la destrucción del patrimonio cultural de Artsaj, o la situación de los refugiados de Nagorno-Karabaj son temas recurrentes en los foros armenios estadounidenses. No hay para una u otra una estrategia comunicacional y académica.
Mientras Azerbaiyán organiza eventos en instituciones como el Vaticano para proyectar su herencia cultural cristiana, y Turquía invierte millones en think tanks occidentales, la producción académica armenia sigue siendo limitada y mal distribuida, sobre todo en idiomas extranjeros.

La experiencia del lobby israelí demuestra que el poder no se construye solo con recursos, sino con visión, planificación y trabajo constante. Israel invirtió durante décadas en influir en universidades, medios, gobiernos y en formar cuadros especializados en política exterior. En contraste, las organizaciones armenias carecen de una estrategia unificada y de visión geopolítica.
¿Dónde están los centros de estudio armenios en las principales capitales del mundo? ¿Cuántas universidades de prestigio publican investigaciones sobre Armenia? ¿Qué mecanismos tiene el gobierno armenio para coordinarse con la diáspora? ¿Porqué las organizaciones políticas de la diáspora distribuyen una imagen acorde con la Iglesia o con Rusia y no de Armenia como país?
Sin respuestas a estas preguntas, Armenia corre el riesgo de quedar marginada de las decisiones que la afectan directamente.






