
🧬 Rusia reactiva el mito de los “laboratorios biológicos secretos” en Armenia. CivilNet revela que es parte de una campaña regional de desinformación. #FakeNews #Armenia
“Los laboratorios armenios fabrican virus”. “La Unión Europea prueba medicamentos en armenios”. “EE.UU. desarrolla armas biológicas en el Cáucaso”. Estas frases, repetidas en redes y portales anónimos, forman parte de una campaña de desinformación coordinada que busca desacreditar a los laboratorios locales y al sistema sanitario armenio y sembrar desconfianza hacia Occidente.
Desde 2016, los llamados “laboratorios biológicos secretos” en Armenia se convirtieron en blanco de ataques mediáticos. La narrativa suele comenzar en medios rusos y luego se replica en portales locales o redes sociales armenias. Según la investigación de CivilNet, estas historias son parte de una estrategia regional diseñada para socavar la cooperación entre Armenia, Estados Unidos y la Unión Europea.
“Se trata de tesis extremas, no científicas y completamente absurdas”, afirmó Stepan Atoyan, director del Centro Nacional para el Control y la Prevención de Enfermedades del Ministerio de Salud. “Decidimos no responder cada mentira, sino demostrar con nuestro trabajo que nada de eso existe ni puede existir”.
Historias similares han circulado en Georgia, Kazajistán, Moldavia y Ucrania. En todos los casos, los mismos argumentos se repiten: que EE.UU. controla los laboratorios locales, que allí se desarrollan armas biológicas o que se realizan ensayos secretos en humanos.
“Las tesis no son nuevas. Son copias de manuales de propaganda usados en otros países”, explicó Ani Grigoryan, editora de CivilNetCheck, el equipo de verificación de hechos de CivilNet.
La campaña cobró fuerza en 2022, justo después de que Rusia acusara falsamente a Ucrania de crear “componentes de armas biológicas”. Desde entonces, los rumores se reactivan cada año, acompañados por protestas organizadas frente al Centro Nacional en Ereván o frente a la embajada estadounidense.

El primer mito sostiene que los laboratorios armenios son instalaciones militares secretas controladas por el Departamento de Defensa de EE.UU.. En realidad, estos centros pertenecen al Estado armenio y están bajo jurisdicción del Ministerio de Salud. El apoyo estadounidense proviene de la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa (DTRA), cuya misión es exactamente la opuesta: prevenir la proliferación de armas biológicas y proteger patógenos peligrosos heredados de la era soviética.
El segundo mito habla del desarrollo de “armas biológicas étnicas”, supuestamente dirigidas contra los rusos. La ciencia lo desmiente: la genética humana no se distribuye por etnias, sino por haplogrupos, compartidos entre muchos pueblos euroasiáticos. “Un arma dirigida contra un haplogrupo afectaría también a checos, tayikos o polacos”, subraya CivilNetCheck.
El tercer mito afirma que se realizan experimentos en humanos. Esta narrativa reutiliza el bulo del “Centro Lugar” en Georgia, donde supuestamente murieron 248 personas, una historia desmentida por investigadores y organismos internacionales.
Los contenidos suelen aparecer primero en sitios “occidentales” falsos, creados para dar credibilidad a las historias. Luego los retoman agencias como Sputnik, EADaily o TASS, y finalmente se amplifican en redes armenias. Incluso figuras como la portavoz de la Cancillería rusa, Maria Zajárova, han repetido estos relatos.
El resultado es un ciclo cerrado: la noticia se origina en Rusia, se adapta al contexto armenio y luego se usa como “prueba” del supuesto control extranjero sobre los laboratorios.
Atoyan explica que el Centro Nacional trabaja exclusivamente en salud pública: “Investigamos brotes, rastreamos contactos y cortamos cadenas de contagio. Nuestro objetivo es proteger la salud de la población, no desarrollar armas”.
Durante la pandemia de COVID-19, el centro fue clave en la detección temprana y respuesta epidemiológica, mostrando su papel científico y sanitario.
El laboratorio central en Ereván y las sedes regionales en Shirak, Tavush, Lori, Gegharkunik y Syunik fueron modernizados entre 2016 y 2017. Estados Unidos invirtió cerca de 14 millones de dólares en el proyecto, centrado en bioseguridad. Sin embargo, también existen proyectos financiados por el Fondo Euroasiático de Estabilización y Desarrollo y programas conjuntos con Rospotrebnadzor ruso.
“El mito del control estadounidense se cae cuando recordamos que incluso Rusia donó equipos al laboratorio”, señaló Grigoryan. En 2018, Nikol Pashinyan confirmó que expertos rusos inspeccionaron las instalaciones y no encontraron “nada peligroso”.
Según Provereno.media, las campañas sobre “laboratorios biológicos estadounidenses” se reciclan en toda la región. En Kazajistán, se acusó al centro de Almatý de propagar coronavirus mediante murciélagos. En Georgia, el exministro Igor Guiorgadze presentó falsos documentos que vinculaban al Centro Lugar con muertes humanas. En Moldavia, se habló de acuerdos secretos con EE.UU. para abrir laboratorios que “prueban virus mortales”. Todos fueron desmentidos.
El patrón es idéntico: acusar sin pruebas, invocar el miedo biológico y presentar la cooperación internacional como amenaza.






