
Rusia reorganiza su estrategia hacia Armenia y confía al bloque político del Kremlin la tarea de influir en las elecciones parlamentarias de 2026. El poder blando y la propaganda informativa se convierten en las nuevas armas de Moscú.
A medida que las relaciones entre Rusia y Armenia se debilitan drásticamente, el gobierno de Vladimir Putin ha decidido tomar el control directo de la estrategia hacia Ereván. Según el influyente diario ruso Vedomosti, el bloque de política interna del Kremlin, encabezado por Serguéi Kirienko, primer jefe adjunto del Gabinete del Presidente, será el encargado de coordinar la nueva agenda con Armenia, tradicionalmente bajo la órbita de la política exterior rusa.
“El liderazgo del país se inclina cada vez más hacia Occidente, lo cual es inaceptable desde el punto de vista de la política estatal rusa”, declaró una fuente cercana a los preparativos, citada por Vedomosti. Esta afirmación confirma que Moscú percibe a Ereván no solo como un socio extraviado, sino como un espacio estratégico en disputa en el contexto de su enfrentamiento geopolítico con Occidente.
Según el periódico ruso, el objetivo inmediato del equipo de Kirienko es rediseñar la agenda informativa en Armenia y desplegar instrumentos de “poder blando” en el marco de una operación de influencia que se intensificará con la cercanía de las elecciones parlamentarias previstas para 2026. “Trabajarán de la misma manera que en las últimas elecciones celebradas en Abjasia”, reveló una fuente del Kremlin, en referencia a intervenciones previas para manipular resultados electorales en regiones de interés estratégico para Moscú.
La coordinación estará a cargo de tres departamentos clave del Kremlin: el Departamento de Política Interior (dirigido por Andrey Yarin), el Departamento de Seguimiento y Análisis de Procesos Públicos (Alexander Kharichev) y el Departamento de Proyectos Públicos (Sergey Novikov). Estos organismos ya han sido empleados para organizar campañas de desinformación y propaganda en territorios como Crimea y Osetia del Sur.
Una de las dificultades señaladas por el Kremlin es la ausencia de líderes políticos prorrusos en la actual escena política armenia. Las únicas figuras identificadas como leales a Moscú son los expresidentes Robert Kocharyan y Serzh Sargsyan, quienes gozan de escasa popularidad tras años de escándalos de corrupción y autoritarismo. “No hay nadie allí que hable en nombre de Rusia”, afirmó una de las fuentes de Vedomosti.
Esto ha llevado a Moscú a intensificar sus esfuerzos en el campo informativo, considerado ahora por expertos como una extensión de la estrategia de defensa híbrida del Kremlin. Diversas fuentes acusan a Rusia de operar en sincronía con las agresiones militares de Azerbaiyán y una campaña informativa sistemática, en la que participan medios y voces financiadas desde el extranjero para minar la estabilidad del Estado armenio y socavar la legitimidad del gobierno de Nikol Pashinyan.

Como informara SoyArmenio.com, el progresivo distanciamiento entre Armenia y Rusia se remonta a la inacción de Moscú durante los ataques de Azerbaiyán en la frontera oriental armenia. En 2022, Pashinyan solicitó el despliegue de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), pero la organización, dominada por Rusia, se negó a intervenir.
Este hecho marcó un punto de inflexión. En febrero de 2024, el primer ministro armenio anunció la suspensión de la membresía del país en la OTSC, calificando de inaceptable la actitud pasiva de sus aliados. Desde entonces, el gobierno armenio ha estrechado vínculos con la Unión Europea, ha expresado su deseo de firmar un tratado de paz independiente con Azerbaiyán y ha aumentado su participación en programas multilaterales occidentales.
A la luz de estas amenazas, crecen las voces que exigen que el espacio mediático armenio sea tratado como un ámbito de defensa nacional. Analistas y funcionarios subrayan la necesidad de proteger al país de las campañas de desinformación orquestadas desde Moscú y Bakú. Propuestas como cerrar medios de comunicación corruptos, bloquear canales de propaganda y regular la actividad periodística financiada desde el exterior han generado un tenso debate entre seguridad nacional y libertad de prensa.
En palabras de un analista citado por medios armenios: “La política de medios ya no debe ser pasiva. Se trata de una cuestión de seguridad nacional, no de libertad de expresión a expensas de la soberanía”.






