
Karen Jeppe es una mujer legendaria, tanto en la Diáspora como en la propia nación armenia. Su historia de vida es un acto de entrega y jugó un papel fundamental en la salvación de una nación durante el genocidio armenio.
Karen Jeppe es una mujer legendaria, tanto en la Diáspora como en la propia nación armenia. Su historia de vida es un acto de entrega y jugó un papel fundamental en la salvación de una nación durante el genocidio armenio.
No es muy difícil imaginar que hubiera sido de la vida de miles de armenios de no haber sido rescatados por Karen Jeppe antes, durante y después de los terribles años del Genocidio perpetrado por el imperio Otomano contra este pueblo.
Karen Jeppe fue una mujer danesa, cristiana, maestra y humanitaria que no le tuvo miedo al infierno en el que los turcos sometieron a los armenios.
En 1902, y a sus 25 años, conoce a Aage Meyer Benedictesen, un académico y humanista, también danés, quien venía denunciando la difícil situación que los armenios otomanos padecían desde 1894/96 cuando comenzaron las masacres de Hamidian.

A través de este se une a “Amigos Daneses de los Armenios” y luego a “La Misión Oriental Alemana”, con quienes en 1903 viaja a la ciudad de Anatolia de Urfa, una de las más atacadas por los otomanos y que estaba a unos 270 kilómetros al Norte de Alepo.
Allí esta misión Alemana estaba a cargo de un orfanato y necesitaba un maestro.
Jeppe llega con nuevos métodos avanzados de enseñanza y con un plan de estudios moderno en el que podían aprender a leer y escribir con más rapidez y que contaba con la capacitación de distintos oficios calificados.
Creo talleres, enseñó manualidades, logró desarrollar la producción de la seda y que los tradicionales bordados armenios viajaran por el mundo.
Y gracias a su visión comercial organizo un plan de trabajo en el cual los artesanos podían vender su producción y así tener su propia fuente de ingresos y poder recomponer su situación económica, tras las grandes pérdidas debido a las matanzas que no cesaban y se acentuaban cada vez más.
Para esto compro parcelas de tierra, lejos de la misión y cerca de la ciudad de Garmuj, que fueron destinadas para que los campesinos refugiados pudieran trabajarla en la plantación de viñedos y así vivir de su trabajo.
Pero los tiempos de paz fueron efímeros. La Primera Guerra Mundial resultó ser una catástrofe para el pueblo armenio.
Turquía entró en la guerra del lado alemán. En 1915, los turcos resolvieron que los armenios debían ser sacados de sus tierras: Comenzaron las caravanas de la muerte
Los turcos fueron eficientes. Antes de la guerra había alrededor de 1.800.000 armenios en las provincias armenias del Imperio otomano, después de la guerra apenas había 450.000 armenios en ahora provincias turcas limpias de cristianos. Unos cientos de miles lograron huir al Cáucaso o a Siria
Pese al panorama que ya se estaba viviendo Karen no perdió el centro de su misión: rescatar al pueblo armenio apoyándose en su propia historia, tradiciones, idioma y religión cristiana apostólica armenia.

Su compromiso humanitario y sus acciones traspasaron las fronteras socioculturales que cualquier otra mujer armenia no podría haber hecho.
Siendo soltera adopto dos niños armenios y llevo a cabo una misa por los caídos en Urfa, donde ella asume el cargo de sacerdote dado que el clero armenio había sido asesinado.
Ya en 1915 su tarea consistió en salvar vidas. Dio refugio a muchos, escondiéndolos en el sótano de su propia casa y en otros sitios. Organizó un meticuloso plan para alimentarlos. Los ayudó a escapar disfrazándolos de árabes o kurdos y fue acosada constantemente.
Era testigo de todo lo que estaba pasando: los campos de concentración, el mercado de esclavos, los abusos a los que eran sometidos de todas las formas imaginables por los gendarmes turcos, kurdos y árabes locales.
Para finales de 1917 ya no había más armenios en Urfa para ser protegidos, su labor allí no tenía fuerza y su salud estaba empeorando.
Así es que regresa a Dinamarca en 1918 donde busca recuperarse del estrés postraumático que sufre y continuar con su tarea de compromiso humanitario denunciando y presionando a favor de los armenios sobrevivientes.
Igualmente sabía que tenía que volver por que su misión no había terminado y también para reencontrar a sus dos hijos.
Para esto en 1921 la convocan a unirse a la Liga de Naciones, lo que más tarde va a ser las Naciones Unidas, y la nombran Comisionada de la Sociedad de Naciones para la Protección de Mujeres y Niñas en el Cercano Oriente.
Esto le da la ventaja de contar con una ayuda económica y así complementar el trabajo de socorro que ya estaban realizando los armenios.
En 1922 se instala en Alepo, donde, junto con su hijo, crean un hogar para los exiliados: “Rescue Home”.
Ahora la tarea que le tocaba era de localizar y rescatar a las niñas y mujeres armenias que habían sido objeto de trata y esclavizadas, a quienes les tatuaban el rostro y las manos a modo de estigmas para que fueran identificadas como propiedad de alguien. Sus álbumes fotográficos son una muestra valiosa de lo que estas sufrieron (10).
Crean centros o agentes de búsqueda distribuidos geográficamente, al que se acercaron muchas mujeres y niños en pedido de ayuda y que eran trasladados a Alepo.
Este centro de rescate fue la continuación del orfanato de Urfa pero el desafío era aún mayor: cada armenio que recibían estaba profundamente traumatizado tanto físico como emocionalmente por el abuso sufrido, lo que exigía un mayor nivel de rehabilitación.
Muchos habían olvidado su idioma, su cultura, y hasta su propio nombre y el hogar se convirtió en una “Babilonia de Idiomas”.
Aquí se tomaban sus testimonios y datos personales con la intención de poder rastrearlos y reencontrarlos con sus familiares. Se les daba alojamiento, educación, formación profesional y lograron liberar a unas 2000 mujeres y niños de la esclavitud y la prostitución y se logró que un 80% de los refugiados pudiera al menos encontrarse con uno o más parientes vivos.
En 1925 consiguió dos ayudantes danesas, Jenny Jensen y Karen Bjerre. Este fue un alivio bienvenido y ayudó a Karen Jeppe a concentrarse en su nuevo proyecto.
Consigue alquilarle unas tierras a un árabe Beduino, Hadjim Pash, con quien logra negociar un precio justo para estas y así en ellas 30 familias pudieron construir sus casas, dedicarse a la agricultura y reactivar su economía vendiendo su producción.
Sera así que llegaran más refugiados y de a poco se transforma en una pequeña colonia de agricultores donde ella también se hará su casa y vivirá por el resto de los años que le quedan.
Fuera de Alepo, todavía quedan algunas de las seis pequeñas aldeas fundadas por los colonos de Karen Jeppe, por ejemplo, Tel-Armen (la colina armenia) y Tel-Samen (la colina de la mantequilla), pero no hay señales de agricultura ya que el suelo no era apto para esta actividad y había muy poca agua para el riego, que es necesaria durante los repetidos períodos secos.
Su salud iba desmejorando cada día más, igual seguía con su labor de abrirle los ojos al mundo occidental denunciando la persecución étnica que sufrieron los armenios y por todos los medios crear posibilidades de supervivencia para los pueblos sin patria.
En el verano de 1935 fue a su casa blanca en la colonia agrícola, y aquí tuvo un ataque de malaria, que también había tenido antes, pero esta vez fue más grave. Fue llevada al hospital de Alepo, donde murió el 7 de julio de 1935, a la edad de 59 años.
Para los armenios, que dependían de sus iniciativas, esta fue una gran pérdida. La enterraron en Alepo, donde aún se puede ver su tumba.
Se escribieron obituarios desde muchos lados; uno de los más conmovedores proviene de un escrito armenio: “Madre, tu polvo aún se protegerá, y cuando construyamos nuestra propia capital al pie de Ararat, te construiremos un santuario conmemorativo. El corazón de cualquier armenio es realmente un panteón para ti. Armenios, descubramos la cabeza y arrodillemos: un mensajero de Dios nos ha dejado. (Cita después de Chr.Winther, p. 40)
La consideraban como su ángel protector y sus restos descansan en Alepo, pero no solo allí es recordada: en la Fortaleza de las Golondrinas (Tsisernakaberd) en Ereván podemos encontrar un poco de la tierra de su tumba, como un acto de agradecimiento y reconocimiento del pueblo armenio (3): el orfanato fundado por ella se convirtió en el colegio nacional de Alepo y lleva su nombre; el gobierno danés le otorga la orden danesa del Caballero de la Legión de Honor en 1927; también fue homenajeada en un sello postal en 2014 en conmemoración de los 100 del Genocidio (9); el grupo de exploradores daneses lleva su nombre y en su ciudad natal hay una piedra conmemorativa y hoy es una mujer legendaria tanto en la diáspora, como en la propia nación de Armenia.






