
La visita de Kaja Kallas a Azerbaiyán genera controversia en la UE por su tono conciliador hacia Ilham Aliyev, pese a las agresiones contra Armenia y las violaciones de derechos humanos.
La reciente visita de Kaja Kallas, nueva Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, al presidente azerbaiyano Ilham Aliyev en Bakú ha generado fuertes críticas dentro y fuera del Parlamento Europeo. A pesar de celebrarse en el marco del fortalecimiento de la cooperación energética entre la Unión Europea y Azerbaiyán, la visita tuvo lugar apenas un día después de la conmemoración del 110º aniversario del Genocidio Armenio, lo que fue percibido por muchos como una señal de indiferencia hacia el sufrimiento histórico del pueblo armenio.
Durante la reunión, Kallas elogió la relación energética entre la UE y Bakú, calificándola de “cooperación muy exitosa y eficiente” y describió a Azerbaiyán como “un socio confiable para garantizar la seguridad energética de Europa”. Por su parte, Aliyev destacó que su país ya suministra gas a 10 países europeos, incluidos ocho Estados miembros de la UE, y expresó su interés en ampliar la cooperación en energías renovables a través de proyectos en el mar Caspio y el mar Negro.

Sin embargo, esta muestra de respaldo europeo fue duramente cuestionada por figuras políticas europeas. El eurodiputado chipriota Loucas Fourlas señaló que el viaje se realizaba en un contexto de “violencia transfronteriza, detenciones ilegales de civiles armenios y amenazas contra la Misión de la UE en Armenia”. Su homólogo griego, Emmanouil Fragkos, preguntó directamente: “¿Por qué recompensar al agresor e ignorar al reformista?”, en referencia a la Armenia democrática frente al régimen autoritario de Aliyev.
Uno de los aspectos más polémicos de la visita fue la falta de pronunciamiento claro por parte de Kallas sobre las condiciones unilaterales impuestas por Bakú para firmar un tratado de paz con Armenia. Durante su conferencia de prensa conjunta con el canciller azerbaiyano, Jeyhun Bayramov, este reiteró las exigencias de modificar la Constitución de Armenia y de disolver el Grupo de Minsk de la OSCE como requisitos previos para avanzar hacia la paz.
Además, Bayramov denunció el “rápido armamento de Armenia” y las protestas del 24 de abril en Ereván, en las que se quemaron banderas de Azerbaiyán y Turquía, como “acciones provocadoras que deberían ser consideradas actos criminales”. Aunque el primer ministro armenio Nikol Pashinyan ya había calificado estos hechos como “irresponsables e inaceptables”, la insistencia de Bakú en usar incidentes simbólicos como pretexto para tensar las relaciones genera inquietud sobre su compromiso real con la paz regional.
Frente a ello, Kallas expresó de forma general que la UE “apoya los esfuerzos realizados para fortalecer las relaciones entre ambos países y lograr que el acuerdo de paz sea sostenible”, sin hacer mención a las condiciones impuestas ni al retroceso en derechos humanos observado en Azerbaiyán en los últimos años.
La postura de Bruselas ante el régimen de Aliyev ha sido objeto de crecientes acusaciones de hipocresía. En Bakú, Kallas agradeció abiertamente a Azerbaiyán por su ayuda a Ucrania, pasando por alto que ese mismo gobierno llevó a cabo una limpieza étnica en Nagorno-Karabaj en 2023, forzando el desplazamiento de más de 100.000 armenios de la región. Mientras la UE sanciona con dureza a Rusia por su agresión a Ucrania, tolera e incluso recompensa a otro agresor por intereses energéticos.
Como informara SoyArmenio.com, este doble rasero quedó de manifiesto en las palabras del exdiputado alemán Michael Roth, quien cuestionó: “¿Es más importante el uso del gas que el compromiso con los valores europeos?”. Críticas similares ya habían recaído sobre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la comisaria de Energía Kadri Simson, por sus repetidas alabanzas a Bakú tras la invasión del gas ruso.
En Bakú, Kallas también discutió el rol geoestratégico de Azerbaiyán en Asia Central, como parte del Corredor de Transporte Transcaspio impulsado por la UE para conectar Europa con Asia a través del mar Caspio, sin pasar por Rusia ni Irán. Esta iniciativa se presentó en la reciente cumbre UE-Asia Central en Samarcanda, donde Von der Leyen subrayó la “trascendencia revolucionaria” de la apertura de fronteras entre Armenia y Azerbaiyán, así como con Turquía.
Curiosamente, esa propuesta fue rechazada tajantemente por Aliyev, quien declaró: “Eso no es asunto de Europa”. Pese a esta respuesta hostil, la jefa de la diplomacia europea no aclaró en Bakú si trató nuevamente ese punto o si abordó las amenazas de Azerbaiyán a la Misión de Observación de la UE en Armenia, que busca precisamente evitar nuevas agresiones en la frontera.
La visita de Kaja Kallas a Azerbaiyán revela una desconexión creciente entre la retórica europea sobre derechos humanos y democracia, y sus prácticas en política exterior cuando hay intereses estratégicos en juego. Si bien la energía y la conectividad regional son prioridades legítimas para la UE, el costo de ignorar la historia reciente de agresión y represión en Azerbaiyán puede ser demasiado alto, especialmente para una Armenia que apuesta por reformas y por un alineamiento más estrecho con Bruselas.
La pregunta que muchos se hacen es si Kallas replicará en Ereván el tono amistoso mostrado en Bakú, o si rectificará el mensaje para preservar la credibilidad europea en la región.






