
En un extenso pero buen articulo, Nordic Monitor informa de recientes testimonios de fuentes internas de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) que arrojan serias dudas sobre la versión del presidente Recep Tayyip Erdoğan de que hubo un intento de golpe de Estado en Turquía la noche del 15 de julio de 2016 dirigido por el movimiento Gülen.
En un extenso pero buen articulo, Nordic Monitor informa de recientes testimonios de fuentes internas de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) que arrojan serias dudas sobre la versión del presidente Recep Tayyip Erdoğan de que hubo un intento de golpe de Estado en Turquía la noche del 15 de julio de 2016 dirigido por el movimiento Gülen.
En su libro “Never Give an Inch”, Mike Pompeo, exdirector de la CIA y secretario de Estado bajo la administración Trump, se refiere al golpe como un “supuesto ‘golpe’”, cuestionando la exactitud de la narrativa de Erdoğan. Según Pompeo, cuando visitó Turquía en 2017, se le mostró un video propagandístico que buscaba validar la versión del gobierno sobre los eventos del 15 de julio, lo que describe como una experiencia tediosa y desagradable.
Otra fuente de la CIA, entrevistada de forma anónima, también señala inconsistencias en la versión oficial. El cierre de solo una vía del Puente del Bósforo la noche del golpe es una de las muchas señales que indican una operación más compleja de lo que se presentó públicamente. Según esta fuente, las tropas movilizadas creían que estaban respondiendo a un ataque terrorista, no participando en un golpe de Estado.
Además, informes de inteligencia revelados por Nordic Monitor indican que el gobierno turco ya había perfilado a miles de sospechosos antes del golpe. La rapidez con la que se llevaron a cabo purgas masivas en las fuerzas armadas y otras instituciones gubernamentales sugiere una preparación previa que difícilmente podría haber sido orquestada en cuestión de horas.

Las purgas que siguieron al 15 de julio fueron extensas y brutales. Más de 23.000 militares, incluidos dos tercios de todos los generales y almirantes, fueron expulsados sin una investigación adecuada. La represión también alcanzó al poder judicial, con más de 4.000 jueces y fiscales destituidos, y a los medios de comunicación, con casi 200 outlets cerrados y cientos de periodistas arrestados o exiliados.
La atribución del golpe al movimiento Gülen también fue cuestionada por la comunidad internacional. El Servicio Federal de Inteligencia de Alemania (BND) y la propia CIA no encontraron evidencia que respalde la implicación de Gülen. La insistencia de Erdoğan en culpar a Gülen parece más una estrategia para desacreditar a un opositor político que una acusación basada en hechos.
Los juicios posteriores al golpe también reveló detalles inquietantes sobre la participación del MIT, la agencia de inteligencia turca, en los eventos del 15 de julio. Testimonios de militares sugieren que el MIT estuvo involucrado en actividades de reconocimiento en la base aérea de Akıncı meses antes del golpe, y coordinó movimientos esa noche que contribuyeron a la percepción de un intento de golpe.
El uso del golpe como pretexto para consolidar el poder de Erdoğan tiene consecuencias devastadoras para la democracia en Turquía. La transformación de un sistema parlamentario en un gobierno presidencial autocrático dejó al país sin los necesarios controles y equilibrios. La represión de la oposición, la limitación de la libertad de prensa y la purga de instituciones críticas debilitaron gravemente las bases democráticas del país.
En última instancia, la narrativa oficial del intento de golpe de 2016 parece cada vez más insostenible. Las pruebas sugieren que el gobierno de Erdoğan utilizó el evento para justificar una consolidación de poder sin precedentes, sacrificando la democracia y la estabilidad del país en el proceso. Es esencial que se continúe investigando y que se busque la verdad para restaurar la confianza en las instituciones y en el futuro de Turquía.






