
⛪ ¿Del Estado o de la Iglesia? Armenia transfirió más de 170 iglesias y monasterios a la Iglesia Apostólica en 30 años. Documentos oficiales reavivan el debate sobre patrimonio y poder religioso.
Durante los últimos 30 años, el Estado transfirió más de 170 iglesias, monasterios y terrenos a la Iglesia Apostólica Armenia, bajo regímenes de propiedad o uso gratuito. La información surge de documentos oficiales del gobierno armenio y del Ministerio de Educación, Ciencia, Cultura y Deportes que recopilara la plataforma FIP.am
El debate reapareció con fuerza en redes sociales, donde muchos usuarios cuestionan si los templos pertenecen al Estado o a la Iglesia. La respuesta oficial confirma que la mayoría de las iglesias activas ya no están bajo control estatal.
El Ministerio informó que las transferencias se realizaron mediante decisiones gubernamentales entre 1997 y 2013, en línea con la política religiosa del Estado armenio tras la independencia.
Las normas establecieron tanto la cesión de edificios históricos como de los terrenos necesarios para su mantenimiento, en varios casos con derecho de uso ilimitado.

Los documentos analizados por la plataforma de verificación FIP.am muestran que iglesias históricas en Ereván y en regiones como Gegharkunik, Lori, Tavush, Aragatsotn, Kotayk, Ararat y Armavir pasaron progresivamente a la Iglesia.
El proceso incluyó complejos emblemáticos como Echmiadzín, Khor Virap, Geghard, Noravank y Sanahin, todos considerados símbolos del cristianismo armenio.
Uno de los casos más discutidos es Hovhannavank, en Aragatsotn, que ocupa cerca de 8.900 metros cuadrados. El monasterio fue incluido en una decisión gubernamental de 2005 que transfirió tierras necesarias para el mantenimiento de 171 iglesias.
Ese traspaso volvió al centro del debate público por la magnitud del terreno y por la falta de conocimiento ciudadano sobre decisiones anteriores.
Los registros muestran que la mayoría de las transferencias se realizaron sin compensación económica, bajo el argumento de preservar el patrimonio espiritual y cultural armenio.
El Estado conservó solo funciones regulatorias, mientras que la gestión, restauración y uso cotidiano quedó en manos de la Iglesia.
Aunque las decisiones son legales y están documentadas, el debate social continúa. Muchos ciudadanos cuestionan la concentración de bienes históricos en una sola institución y reclaman mayor transparencia.
Otros sectores defienden las transferencias como parte natural de la identidad nacional armenia, estrechamente ligada a la Iglesia.
Treinta años después, el impacto de esas decisiones vuelve a escena, en un contexto político donde la relación entre el Estado y la Iglesia atraviesa una de sus etapas más tensas.






