
El primer ministro Nikol Pashinyan propone superar el modelo de "nación mártir" con un enfoque centrado en el desarrollo económico y la cooperación internacional.
Durante la discusión del proyecto de presupuesto estatal de Armenia para 2025, el primer ministro del gobierno Nikol Pashinyan abordó un tema crucial: la percepción internacional de Armenia como una “nación mártir” y su evolución hacia el concepto de “nación-ejército”. Según Pashinyan, es necesario superar estas fórmulas históricas adoptando una nueva lógica centrada en el desarrollo económico y la lealtad a las normas internacionales.
Pashinyan destacó que la percepción mundial de Armenia como una nación mártir ha influido profundamente en su política y estrategia de seguridad. Este concepto, según él, ha llevado a la evolución hacia una nación-ejército, un modelo donde la fuerza militar se convierte en la principal línea de defensa y un símbolo de identidad nacional.
“Si te posicionas como una nación-ejército, inevitablemente generas otros ejércitos en tu contra”, señaló Pashinyan, cuestionando la eficacia de este enfoque a largo plazo.
El primer ministro enfatizó que la creación de un ejército fuerte sigue siendo una prioridad, pero planteó preguntas fundamentales: ¿Contra cuántos enemigos debería prepararse Armenia? ¿Qué ocurre si los desafíos provienen no solo de enemigos declarados, sino también de aliados?
Para Pashinyan, la clave para superar estas percepciones históricas radica en adoptar lo que él llama la “lógica del Estado”, un enfoque que prioriza los intereses nacionales, centrados principalmente en el desarrollo económico y el respeto por las normas internacionales.
“El Estado debe actuar única y exclusivamente de acuerdo con sus propios intereses, dentro de su área de responsabilidad reconocida internacionalmente”, afirmó el primer ministro.

Pashinyan propuso un sistema de seguridad en el que el ejército no sea la primera línea de defensa. En su lugar, sugirió la implementación de “amortiguadores” previos, como la interdependencia económica y las normas internacionales. Estos elementos, según él, pueden reducir la necesidad de un ejército omnipresente y evitar conflictos directos.
“Cuando todo el mundo se queja de las violaciones a las normas internacionales, ser leal a estas reglas se convierte en una práctica positiva y un amortiguador efectivo”, añadió.






