
En 1909, una expedición cambió la arqueología armenia 🗿🐟 Marr y Smirnov hallaron los vishaps en las montañas de Geghama.
En 1909, una expedición arqueológica cambió para siempre el estudio del pasado prehistórico de Armenia. Los científicos Nikolai Marr y Yakov Smirnov confirmaron la existencia de los vishaps, megalitos monumentales hallados en las montañas de la cordillera de Geghama, gracias a testimonios de pobladores de Garni.
La misión identificó más de veinte esculturas y fragmentos de estos misteriosos monolitos, conocidos como “dragones de piedra”. El hallazgo marcó el primer registro científico sistemático de este fenómeno arqueológico en el territorio armenio.

Los vishaps son estelas de piedra volcánica, talladas con formas de peces, toros o criaturas híbridas. Su nombre proviene del término armenio para “dragón”. Marr y Smirnov documentaron su ubicación, inscripciones y relieves en informes publicados en 1931 por la Academia Estatal de Historia de la Cultura Material.
Smirnov describió el inicio del descubrimiento con precisión. “Escuchamos relatos sobre piedras con imágenes de dragones en las montañas”, escribió. Un antiguo inspector forestal guió a los arqueólogos hasta el lugar, tras una caminata que comenzó de madrugada y terminó cerca de la medianoche.

El trayecto siguió el valle del río Garni-chay y cruzó antiguos caminos que conectaban la cordillera Geghama con el lago Sevan. Tras varias horas, el grupo llegó a un asentamiento nómada llamado Azhdaga-Yurt, conocido en armenio como Vishap-ner.
Allí apareció la sorpresa. “Esperábamos dragones o serpientes, pero vimos peces de piedra”, relató Smirnov. Las esculturas mostraban colas, aletas y cuerpos claramente ictiológicos, tallados en lava negra porosa.
Para Nikolai Marr, el hallazgo se vinculaba con antiguos sistemas hidráulicos. El arqueólogo sostenía que el auge y caída de las ciudades armenias dependía del acceso al agua. Señaló que estructuras como embalses artificiales en Geghama abastecían regiones del valle de Ararat.
Durante la inspección de un antiguo reservorio, Marr observó que algunos vishaps habían sido reutilizados como canalones y elementos de control de agua. “Estos monumentos formaban parte de un sistema hidráulico antiguo”, afirmó en su informe de 1910.

Los arqueólogos registraron vishaps de hasta 4,75 metros de largo. Uno presentaba cruces y una inscripción armenia posterior. Otro mostraba una cabeza de toro unida a formas onduladas. “Es la piel de un animal sacrificado”, explicó Marr.
Smirnov detalló figuras con grullas, cabezas múltiples y chorros de agua tallados en relieve. En un caso, el desenterramiento liberó agua acumulada bajo la piedra, lo que reforzó la hipótesis ritual y hidráulica.
Desde los claros de Tokmagan, los arqueólogos observaron los picos del Ararat. “La búsqueda debe continuar”, escribió Smirnov. Esa frase cerró una expedición fundacional para la arqueología armenia.
El descubrimiento de 1909 integró mito, paisaje y ciencia. Los vishaps dejaron de ser relatos locales y pasaron a formar parte del patrimonio histórico de Armenia, con un lugar central en el estudio del Cáucaso antiguo.






